(NOTI-RIO) La flexibilización de la barrera sanitaria sobre el río Negro dejó a los ríos Barrancas y Colorado como el único límite físico para separar dos zonas bien diferenciadas en el país en lo que tiene que ver con la aftosa: donde se vacuna (al norte de dichos ríos) y donde no se vacuna (al sur).
La importancia de esta barrera siempre fue resaltada por los productores ganaderos del sur, ya que se supone es la encargada de impedir el paso de carne con hueso hacia las provincias patagónicas. Con la barrera del río Negro flexibilizada, los productores y los gobiernos de las provincias ubicadas al sur ahora apuestan a reforzar controles en una zona que siempre es noticia en materia de decomisos de carne con hueso y que cada tanto revela el paso de hacienda vacunada hacia la parte de territorio donde ya no se vacuna.
El tema fue abordado el jueves pasado en Roca, en la reunión que mantuvieron Jorge Dillon, presidente del Senasa, y representantes de las provincias patagónicas. Allí se acordó la necesidad de reforzar los controles ubicados en este lugar, como una forma de preservar el estatus ganadero que actualmente posee el total de la hacienda criada al sur de este curso de agua.
Actualmente la barrera infranqueable que tendrían que representar los controles sobre el río Colorado para el ingreso de carne con hueso y hacienda en pie al sur del país no cumple su función correctamente, y los mismos productores dicen que “es un colador”.
Pero ¿por qué existe entre los productores la idea que la barrera del Colorado es demasiado permeable y no cumple con su cometido? En principio porque los controles que realiza el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) en los dos puentes que unen a la localidad de Río Colorado con La Adela, muestran una clara vulnerabilidad para el paso de carne en vehículos.
Son continuos los reclamos de los carniceros que muestran su descontento por la falta de controles que, según señalan, los perjudican comercialmente por la diferencia de precios que existen entre una provincia y la otra.
Desde el sector ruralista también apuntan los cañones contra el gremio de ATE, que en distintos reclamos en el último tiempo dejó los puestos sin control.
Nadie duda de la legitimidad que tienen dichos reclamos realizados en función de obtener mejores condiciones laborales, pero tampoco se puede aceptar que por realizarlos se pongan en riesgo el trabajo y las inversiones de varios años realizados por la cadena ganadera. “Las autoridades de Senasa deberían tener algún tipo de legislación para que continúen siempre los controles, independientemente de los reclamos de los trabajadores”, señaló uno de los directivos de la Rural local. En la reunión del jueves también se trató el tema y se evaluaron alternativas para que esto no vuelva a ocurrir.
A simple vista los controles en esta parte de la provincia son demasiados frágiles. Los puentes internos que hay en la localidad (uno peatonal, de hierro, y otro utilizado para vehículos, inaugurado hace un par de años) que unen la zona céntrica de Río Colorado (Río Negro) y La Adela (La Pampa) cuentan con una garita aunque no se realizan controles. Por allí se puede pasar todo lo que se quiera.
Pero también está el tercer puente, ubicado sobre la ruta 22 y que representa uno de los pasos más importantes hacia el sur del país. Este cruce obligado tiene una particularidad que los que andan fuera de la ley no desconocen. Entre el puente y el control de Senasa está la calle Arturo Benini, que permite que cualquier vehículo baje de la ruta y evada la requisa obligatoria.
Queda claro que para hacer un control eficiente de la mercadería que ingresa van a ser necesarios muchos ajustes.
