La adolescencia es una etapa complicada porque en ella se producen cambios físicos, hormonales y emocionales. Y hay que estar alertas ante la aparición de comportamientos nuevos como el mal humor, el desapego o falta de autoestima, ya que se pueden hacer crónicos en el joven.
“Por lo general, es complejo lidiar con los adolescentes, pero algunas veces la vida con ellos traspasa la complejidad para convertirse en un día a día demasiado difícil”, señala el doctor José Luis Carrasco, quien recalca que “algunos jóvenes pierden el control de sus vidas en esta etapa, se muestran agresivos, de mal humor la mayor parte del tiempo y da la sensación de que hagamos lo que hagamos no acertamos en nuestras reacciones, ya que todo les molesta”.
Pero cuando ese mal humor deriva en una actitud de agresividad abierta, verbal o física, las cosas cambian. “A veces -añade el médico- el problema pasa a ser clínico porque los padres fueron demasiado intolerantes al mal humor adolescente”. Otro punto para seguir muy de cerca y que está fuera de lo natural de la edad es si comienza a sacarse malas notas en la escuela y antes era buen estudiante, o acumula castigos, miente con frecuencia, no se baña o -una posible consecuencia de todos esto- comienza a consumir alcohol o drogas.
Lo principal es saber identificar cuándo estos comportamientos son crónicos y más frecuentes que en otros chicos de la misma edad. Una señal que muestra esta situación es que están tristes, que empiezan a suspender sus relaciones con los demás o a tener problemas con sus pares. También esta conducta se refleja en los problemas para respetar las normas en el hogar y en la acumulación castigos.
Si bien es importante respetarles su espacio y que no se sientan invadidos ni controlados, hay que estar atentos a sus movimientos y reacciones: no dejan de ser chicos que están a nuestro cargo. La buena comunicación juega un rol clave, y abordar con calma y sabiendo escuchar es fundamental. Y no dudar de consultar a un especialista si hay algo que los padres no pueden manejar. El principal error de los adultos, advierten los especialistas, es mantener la equivocada creencia de que todo “es fruto de la adolescencia” y el típico “ya se le pasará”.
El doctor Carrasco sugiere que buena parte de ese mal humor tiene que ver con la llegada de las hormonas y con “los enormes cambios vitales que acontecen durante la adolescencia”. En ese sentido, los cambios en el cuerpo generan una transformación simultánea en la forma de comunicarse e interactuar con los adultos. Tratarlos como niños los confunde e irrita. Todos debemos crecer y madurar en esta etapa tan crucial en la vida de nuestros hijos, en la que la inestabilidad y la vulnerabilidad pueden hacerlos parecer perdidos y hasta con falta de autoestima, que en realidad la están (estamos) construyendo en vivo y en directo.
Su mundo
Claves para manejar la relación
Hay algunas claves para que los padres puedan manejar el problema que se le pueda generar a su hijo adolescente. Uno es respetar la distancia sin perder la proximidad afectiva; acercarse a él sin preguntarle de forma agobiante, buscando los huecos en los que se abra un poco más, y teniendo en cuenta que por lo general los chicos hablan más cuando no se les pide. Por otro lado, comprender que el adolescente malhumorado la pasa mal y no está así por su gusto, por eso hay que tratar de no recordarles sus dificultades, no demostrarles superioridad y dar ideas más que consejos.
Su hijo adolescente le reprocha estas 10 cosas
1. Sentirse valoradosTodos queremos que nos aprecien y, cuando el jefe nos felicita, nos hace felices. Con los adolescentes pasa lo mismo: “Al sentirse reconocidos mejora su autoestima, se fortalece su personalidad y aumenta la seguridad en sí mismos”, señala Delgado.
2. Mayor confianzaCuando el adolescente siente que se confía en él, asume sus responsabilidades, en cambio, “cuando esto no sucede, se genera tirantez, indecisión e inseguridad”, sostiene.
3. Sentirse importantesAl adolescente le gusta contar para los asuntos de casa, quiere participar también en las dinámicas familiares y que cuenten con su opinión. En ocasiones, si no se involucran más es porque no les preguntan, porque se da por hecho que no les importa, cuando realmente no es así. El joven no debe sentirse un mero espectador de las cosas que ocurren en casa aunque, eso sí, las decisiones finales corresponden a los padres.
4. Mayor flexibilidad en los horariosLa estrella de los reclamos, el top de las discusiones y, por excelencia, el alma máter de las quejas de todo adolescente. “Esta reclamación está en el ADN del adolescente. Ahora bien, tan perniciosa es la rigidez normativa como la falta de límites. Los chicos aborrecen tanto la imposición cómo la dejadez. Lo aconsejable es que, sobre la base de las normas que los padres consideren adecuadas, exista un margen de negociación”, apunta Delgado. Los adolescentes quieren que las normas sean claras, pues lo que más les molesta es la incongruencia. Es decir, “que un día se le castigue o amoneste por un motivo concreto y al día siguiente, por el mismo motivo, no pase nada”, explica.
5. Más interés por sus gustos y aficionesAunque no lo pida, al adolescente le gusta que sus padres se interesen por sus hobbies, que le pregunten por la música que escuchan o las series que ven, pero sin hacer juicios de valor ni ridiculizarles por lo que escuchan. Hay que evitar frases del tipo “no sé cómo puedes escuchar esto, ni es música ni es ná”, por ejemplo. “Cada vez que se emite un reproche, se agiganta la distancia entre el adulto y el adolescente”, asegura.
6. Aunque ellos no lo digan, pasar más tiempo con sus padresNo se trata de hacer lo que ellos quieran, sino de buscar intereses y espacios comunes.
7. Ser empáticos con ellos, que se sientan escuchadosSi el adolescente se siente tenido en cuenta por sus padres, cuando tenga un problema acudirá a ellos, y no a personas de fuera.
8. Trasmitirles cosas con ejemplos de su vida y no con palabrasEs decir, “trasmitirles con historias reales, propias o ajenas, cómo se puede lograr lo que le piden”, añade Alberca.
9. Que se les quiera más a ellos que a sus resultadosEstamos en una sociedad en la que se valora únicamente el resultado en vez del proceso, pero es importante que los chicos aprendan que el esfuerzo y el proceso a veces es más importante que los resultados. Sobre todo, en época de aprendizaje.
10. Que celebren sus aciertos, igual que les enfatizan sus fallosTodas estos puntos podrían resumirse en uno: que sus padres les aporten seguridad y confianza, la que necesitan para crecer y seguir madurando. La adolescencia es una época muy marcada por los cambios físicos que ya comenzaron en la pubertad y todos los adolescentes, sean más o menos atractivos, tienen complejos. Y eso es, asegura Alberca, porque aún no han experimentado el éxito con esos defectos. Aunque parezcan seguros, en realidad no lo son. Por ello, es fundamental que les den “esa seguridad y ese amor incondicional que necesitan, que les comprendan y perdonen a lo largo de todo el proceso, que les enseñen cómo hacer las cosas, y les den la motivación necesaria, además del método para hacerlas”, señala Alberca.Lo mismo sucede en materias de sexualidad. No cabe duda de que la adolescencia es una edad clave donde los chicos están descubriendo un sinfín de cosas. Los padres no deben dar la espalda, y tienen que abordar también estos temas. Según expertos en sexología, no se trata de darles la típica charla, sino de aprovechar las oportunidades cotidianas para hablar, por ejemplo, de temas como el amor, el enamoramiento o las amistades. Es mejor no evitar conversaciones e intentar abordarlas con la mayor normalidad.