A esta altura, nadie puede dudarlo: Julio Miguel De Vido afronta su momento más difícil. La Cámara de Diputados logró su desafuero y las fuerzas de seguridad lo detendrán, en el marco de una investigación que apunta al desvío de fondos millonario en el Yacimiento Carbonífero Río Turbio. Hoy se abrirá un nuevo capítulo en la vida del colombófilo ex ministro de Planificación Federal de Néstor y Cristina Kirchner.
De Vido enfrenta un mundo absolutamente nuevo desde pasadas las 12 del mediodía. Hoy, por primera vez en toda su carrera política, le quitarán los fueros. Esta noche, por primera vez en su vida, pasará la noche tras las rejas. Versiones afirman que primero será en la alcaidía de Comodoro Py, tal como surge de la orden del juez federal Luis Rodríguez; la otra, que irá directo al penal de Marcos Paz.
El diputado, de licencia desde esta semana, ostenta cargos públicos desde hace casi tres décadas, cuando asumió al frente del Ministerio de Economía y Obras Públicas de Santa Cruz. Desde que asumió el 10 de diciembre de 1991, De Vido no se alejó más del apellido Kirchner. Estuvo al frente de la cartera de Hacienda hasta 1999. Entre 1999 y 2003 tuvo un cargo aún mayor: fue ministro de Gobierno de Santa Cruz. Antes, De Vido fue director de Obras Públicas de Río Gallegos y durante un año estuvo a cargo de Vialidad Provincial.
Con el desembarco de Kirchner en la Casa Rosada como ministro de Planificación Federal y Obras Públicas, De Vido cosechó, año tras año, más y más poder. La primera denuncia fue por el caso Skanska. Le seguirían, en todos estos años, más de 130 demandas contra el diputado. Muchas no llegaron a convertirse en causa. Otras, las más complejas, sí. Hoy, De Vido afronta un panorama judicial para nada próspero: tiene más de treinta imputaciones y cinco procesamientos.
Las más complicadas son las que obligan al Parlamento a debatir su desafuero: una es por el desvío de millonarios fondos que ascienden a 265 millones de pesos en Yacimiento Carbonífero Río Turbio, por orden del juez Rodríguez; la otra es por la compra de gas licuado, investigada por Claudio Bonadio, quien la semana pasada también hizo un pedido de desafuero y detención.
Arquitecto, trabajador de la otrora estatal Entel, De Vido fue el hombre que manejó la caja grande de fondos de la obra pública, primero en Santa Cruz, y luego en todo el país. Una frase de hace algunos años le dio el título al libro de los periodistas Diego Cabot y Francisco Olivera: “Hablen con Julio”. Esas tres palabras eran una suerte de “cliché” de Néstor Kirchner cuando empresarios que se dedicaban a la obra pública le transmitían una inquietud o llevaban una propuesta.
TRENES, CAMIONES, TRACTORES, RUTAS Y COLECTIVOS
De Vido manejó todo. Hasta 2012, manejó la sensible área de transporte, que quedó envuelta en el mayor siniestro ferroviario de la historia: la tragedia de Once, por la que hubo condenas a varios funcionarios del Ministerio: Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, ambos de la secretaría de Transporte, entre otros.
De Vido manejó subsidios millonarios al transporte, pero también la electricidad, el gas, la telefonía móvil, las viviendas sociales, el agua, las cloacas, el cine, las series y programas de TV. Se ocupó de renegociar contratos con empresas privadas y manejó un presupuesto que superaba los 740 mil millones de pesos.
Junto a Carlos Tomada, fueron los únicos dos ministros en permanecer en el gabinete durante toda la “década ganada”. El ex ministro de Trabajo hoy es legislador porteño. De Vido, en cambio, afronta sus horas más difíciles: será desaforado y quedará en prisión.