

El Consorcio Hidráulico del Valle Bonaerense del Río Colorado -que respalda la posición pampeana en la puja por Portezuelo del Viento- difundió un documento de análisis en el que resume: “la imagen del dique Casa de Piedra es el más fiel reflejo de la crisis por la que atraviesa la cuenca”.
El Consorcio Hidráulico del Valle Bonaerense del Río Colorado advirtió que la situación de sequía que se advierte en la cuenca del río Colorado es consecuencia de una “tremenda crisis hídrica”.
En un documento en el que describe la situación actual a la luz de la historia y también toma en cuenta los pronósticos, el organismo que preside Luciano Príncipe describe la circunstancia “dramática” que significa ese estado de cosas.
El Consorcio respalda la posición pampeana en la lucha contra la posibilidad de que Mendoza construya y maneje la obra Portezuelo del Viento, puesto que esa represa afectará directamente y negativamente, aún más, el caudal del Río Colorado.
El Consorcio insistió en que se realizan “gestiones frente a las autoridades principales, en la búsqueda de emprender acciones que permitan un mejor aprovechamiento de los escasos recursos hídricos. El panorama actual para la cuenca sigue siendo muy difícil”.
Crisis histórica
El documento, bajo el título “la crisis histórica del río Colorado”, considera por ejemplo que la imagen que presenta hoy el dique Casa de Piedra “es el más fiel reflejo de la tremenda crisis hídrica por la que atraviesa la cuenca del río Colorado”.
No es novedad: donde había un amplio lago detrás de una larga presa de poco más de 11 kilómetros de largo, tan sólo quedan espacios arenosos a los que ya no cubre el agua como en otros tiempos.
Antes del dique, la mirada desde las alturas ofrece un pequeño espejo líquido y el cauce antiguo del río, un poco más ancho, que se extiende hasta que se confunde con el punto donde ingresan los débiles caudales que llegan desde el oeste, refleja el documento.
Esa imagen –refresca- registra tan sólo un antecedente, que se dio en la década de los ‘90, cuando, tras la inauguración de la represa y el cierre parcial de sus compuertas, comenzó el llenado de lo que sería el principal regulador del Colorado.
“Después de dos décadas de trabajos que tuvieron avances y detenciones, el complejo comenzaba a cumplir con el principal objetivo desde que fue proyectado: permitir un manejo adecuado de los caudales, que alguna vez fueron más débiles y en otras ocasiones, como a fines de 1982 y comienzos de 1983, inundaron muchas zonas ribereñas, producto de una gigantesca nevada en sus nacientes. Hoy todo ha cambiado”, lamenta el Consorcio.
Sequía sobre sequía
El Consorcio agrega que “la crisis hídrica del Colorado se inició en 2010, después de varios años en los que la normalidad estaba marcada por aportes a veces superiores y otras veces parecidos al promedio histórico de poco más de 4.600 hectómetros cúbicos”.
Apunta que lo sucedido en 2010/11 parecía una excepción (2.648 hectómetros cúbicos), al igual que el 2011/12 (2.854).
Pero luego se sucedieron años secos, como fueron el 2012/13 (2.604); el 2013/14 (2.370) y el 2014/15 (2.657).
El período 2015/16 tuvo un pequeño repunte (3.446), aunque en el 2016/17 se volvió a la tendencia que venía dándose (2.153); el 2017/18 (2.603) y el 2018/19 (2.806).
Esperanzas derrumbadas
“Lo cierto es que durante el último ciclo, el 2019/20, las esperanzas de un cambio se derrumbaron, con un registro de tan sólo 1.693 hectómetros cúbicos”, señala el documento.
De acuerdo a los registros que se llevan de Buta Ranquil (que extendido con los de Pichi Mahuida suman un siglo), hubo un registro menor, que fue 1968/69, con 1.657 hectómetros cúbicos.
“De cualquier manera, la diferencia es que a ese bajo escurrimiento siguieron años normales, con lo que la caída no tuvo mayor trascendencia”, diferencia el análisis.
El diagnóstico agrega: “Igual hay que tener en cuenta que a fines de la década del ‘60, el área de riego en el valle bonaerense del Colorado era muchísimo menor que la que existe en los últimos tiempos, con lo que los efectos negativos fueron inferiores”.
“En la práctica, la sucesión de ciclos secos o muy secos, como el reciente, no ha hecho más que ir disminuyendo las reservas en el lago Casa de Piedra, hoy prácticamente desaparecido como tal”, insiste.
“El último período fue el más dramático, porque si bien las erogaciones fueron menores, se produjo la pérdida de alrededor de 6,60 metros en la altura de Casa de Piedra, desde el comienzo del ciclo, que se dio el 3 de agosto, cuando se pasó de 15 a 45 metros cúbicos por segundos, y el comienzo de la veda de este año, aguas debajo de la presa, que se dio en dos etapas, la primera de ellas a mediados de marzo, un hecho sin antecedentes”, precisa el Consorcio.
Y aclara: “Esto, sin tener en cuenta que en el último ciclo el agua disponible para riego en el valle bonaerense fue considerablemente menor, a tal punto que en enero, que es cuando mayor es la demanda, fundamentalmente para el cultivo de la cebolla, se erogaron sólo 80 metros cúbicos, contra los 120 normales”.
Quiebre en la producción
El organismo advierte que esa disponibilidad menor “marcó un quiebre en la producción del área de riego”, que paulatinamente pasó de 140 mil hectáreas en 2010 a 100 mil hasta 2019 y a 70 mil en el último período, con problemas para redondear los cultivos que necesitan agua entre marzo y el 1 de mayo, que era la fecha en que habitualmente se iniciaba la veda.
“La sucesión de años secos ha ido haciendo mella en el desarrollo de la zona y, por supuesto, en los productores, que siempre estuvieron atentos a las recomendaciones por parte de las autoridades, en el sentido de hacer un adecuado análisis de los cultivos a emprender y del uso racional del agua”, indica.
También tuvieron que padecer entregas menores, lo que sumó una mayor dificultad, achicando los resultados productivos esperados.
“Por lo pronto –asevera el Consorcio- ya se sabe que no habrá prácticamente cebolla temprana surgida de la zona, pues varios productores, ante la incertidumbre en cuanto a la disponibilidad de agua, se han marchado a otras zonas, como el área de IDEVI, próxima a Viedma, abastecida en mejor calidad y mayor cantidad con caudales desde el río Negro”.
Duro golpe
“Esto ya marca un duro golpe al desarrollo del valle bonaerense que se traducirá también en una menor generación de trabajo, con consecuencias sociales que pueden ser muy graves”, advierte el documento del Consorcio Hidráulico del Valle Bonaerense del Río Colorado.
Alude a la multitudinaria reunión realizada, a mediados de febrero último, en Pedro Luro, en la que “se expuso, con claridad, la situación, frente a unos 600 productores, escuchándose atentamente las voces de quienes son el sustento de la zona”.
“Fue esa una buena ocasión para informar de las gestiones que se venían y vienen haciendo frente a las autoridades principales, en la búsqueda de emprender acciones que permitan un mejor aprovechamiento de los escasos recursos hídricos, por caso a través del revestimiento de canales. El panorama actual para la cuenca sigue siendo muy difícil”, asegura el Consorcio.
“El lago Casa de Piedra recupera caudal, pero de manera muy lenta y, en consecuencia, no será mucho el volumen de agua disponible para el próximo ciclo productivo, si es que los nuevos aportes no son importantes”, añade.
Destaca con algún tono optimista que “esta semana se produjo la primera nevada en las nacientes de los ríos Grande y Barrancas, principales afluentes del Colorado, lo que daría una luz de esperanza. No obstante, habrá que ver qué ocurre de aquí en más”.
“ Los pre-pronósticos no son muy alentadores y se considera que lo poco que resta de mayo (apenas una semana) y junio serán decisivos, en materia de nieve, ya que marcan una tendencia de lo que puede ocurrir en julio y agosto. El gran interrogante es si se podrá revertir la crisis de los últimos 10 años. Ojalá el clima tenga un vuelco considerable, se corte la profunda sequía y el panorama cambie totalmente”, completa el diagnóstico.
