Una familia de Río Colorado cambio el dolor por solidaridad

(NOTI-RIO) Una familia de Río Colorado abrió las puertas de su casa, reacondicionaron un quincho, reunieron ollas y comenzaron a cocinar para cientos de personas que viven en el barrio Unión, Villa Mitre y Buena Parada, muchos de ellos desempleados y otras familias numerosas que se encuentran aisladas o transitando la enfermedad del Covid 19.  
Hace un par de semana atrás María Virginia Valenzuela reunió a su familia alrededor de la mesa y les planteó que sentía la necesidad de hacer algo para ayudar a sus vecinos que por estos días no la están pasando nada bien y recibió una rápida repuesta un  “Sí, vamos para adelante, te acompañamos.”


Casi sin mediar más palabras se organizaron y en poco tiempo el grupo se puso en marcha y nació “Las manos de Emanuel”, en memoria del hijo menor de Virginia, que falleció en un accidente de tránsito.

Crearon un sitio en las redes sociales donde le contaron a la comunidad el proyecto y acudieron a la solidaridad de la gente para reunir las donaciones en paquetes de fideos, arroz, aceite, legumbres, polenta, verduras, carne, aceite, pan y harina que también le sirve para hacer el pan casero, tortas fritas, entre otras comidas.

Dentro del grupo familiar al principio reinó el temor y la incertidumbre porque desconocían si el proyecto podía concretarse, pero al final de ese mismo día la devolución de la comunidad fue tan contundente que la felicidad inundó la casa.


Y los primeros días del mes de junio lo que había comenzado como una idea se transformaba en realidad.
Los lunes, miércoles y viernes desde muy temprano en la mañana la familia se reúne en la vivienda ubicada en Ramón Tuero 1358 (Barrio Unión), para plasmar la idea de la jornada anterior.


El primer día fueron poco más de 40 viandas hechas para vecinos del mismo barrio, aunque al finalizar la segunda semana ya el número de inscripto se había triplicado abarcado a otros barrios, por eso ya se está pensando en agregar más días de trabajo.  

Desde el año pasado que se instaló la pandemia del Covid 19 que golpeo a toda la sociedad  se hicieron más visibles las necesidades que ya tenían parte de los habitantes de los barrios, donde la mayoría son trabajadores informales abocados mayoritariamente a las tareas rurales, albañilería entre otros.


“Siempre estuvo en mí en hacer algo por la gente, en ayudar o colaborar con los que menos tienen y el accidente que tuve hace un año y nueve meses donde perdí a mi hijo Emanuel, lo que me llevó a un estado de depresión. Puedo ir al gimnasio, hacer otras actividades para mejorarme, pero nada de eso me llenaba el alma.” Reflexiona Virginia

Y agrega “Y al ver que muchos de mis vecinos o conocidos la están pasando realmente mal, porque se quedaron sin trabajo, familia enteras de que por el coronavirus perdieron familiares, mujeres solas con hijos chiquitos sin nada, decidí aportar un granito de arena en el desierto y cocinar al menos un plato de comida para todos aquello que lo necesiten.”


La mujer de perfil bajo mientras revuelve dos grandes ollas donde introdujo presas de pollos y carne picadas para el tuco y cerca de ella su cuñada haciendo lo mismo en otros recipientes donde se volcaron 16 paquetes de arroz comenta “La verdad que yo estaba viviendo en una burbuja, porque sabía que hay necesidades, pero la verdad no sabía cuánto y ahora estoy tomando dimensión de todo eso y a pesar de que  les podemos dar la solución del momento para esa persona, al final del día cuando terminamos nos queda a todos el corazón gratificante de saber que al menos hoy pudieron comer un plato de comida caliente.”  


Las mujeres en todo momento resaltan la solidaridad de la gente que desde que se conoció la idea, sin mediar esfuerzo permanentemente están aportando la mercadería para hacer la comida. “Todo este proyecto no se podría llevar adelante sin la colaboración desinteresada de la gente. Y la verdad los que están colaborando son personas que están con lo justo, que no les sobra nada, pero están presente todos los días dejando cosas para cocinar.”
También aclararon que solo se residen mercadería y no dinero, además que se excluyen de todas las vaderas políticas y religiosas.


EL DÍA DE LA COCINA

 El día seleccionado para cocinar desde temprano Virginia junto a su cuñada Cristina Contreras reparte el trabajo para concretar el menú del día, además suman la colaboración de sus hijos y otros familiares como Elías Muñoz, Lautaro Muzzi, Emilce Rivas, Gustavo Muñoz y Aníbal Valenzuela.

Todos los roles quedan sincronizados para que minutos después de las 11,30 horas comiencen a llenar los recipientes de las personas que llegan hasta la casa a buscar las porciones que en todas son contundentes que en la mayoría de los casos sirven para la cena.


El número estimado los tiene mediante una lista previa donde la gente solicita las viandas y el número de integrantes de la familia.

Ese listado confeccionado tiene adultos, adolescente y niños.


Además la familia Valenzuela no deja los detalles librados al azar, le brindan elementos de desinfección en las manos, hacen respetar las distancias sociales y la utilización de los barbijos. Inclusive en su propio vehículo llevan la comida a las familias más alejadas del barrio y a los grupos que están aislados.


“Siempre se cocina un poco de más porque cuando vienen personas que no estaban anotadas a pedir no podamos negarles, incluso en alguna vez que nos quedamos sin nada les dimos paquetes de fideos o lo que necesitaban para que se pudieran hacerse ellos mismos algo en sus casas”. Dijo Virginia

EL ESPACIO Está QUEDANDO CHICO


El proyecto lleva tres semanas y por el nivel de necesidades de la comunidad creció mucho más de lo pensado.
Por eso la familia ya comienza a pensar en agregar más días de trabajo inclusive los fines de semana –siempre dependiendo de la mercadería donada que se tenga de reserva-. Además de buscar un lugar más amplio para cocinar.
“Ojalá que la gente no se canse de ayudar con sus donaciones. Tenemos las esperanzas que alguien con mayor poder adquisitivo se pueda sumar a colaborar con mercadería, eso nos garantizará ampliar este proyecto y que lo podamos continuar hasta que la situación de todo mejore, que eso sería lo ideal, que cada quien es su casa pueda cocinarse lo que desee y no tenga que depender de algún espacio como este para poder comer.” Comentó Virginia.

EL HECHO QUE LA MARCÓ A VIRGINIA


El 10 de septiembre del 2019 un accidente de tránsito sobre la ruta 22 cambió para siempre la vida de la familia Valenzuela.
Esa noche donde llovía los cinco integrantes de la familia regresaba a su domicilio tras visitar el Alto Valle, por cuestiones de salud en un Chevrolet Corsa, que era conducido por Virginia que perdió el control del rodado, para luego caer a la banquina y dar al menos cuatro tumbos con el coche.Y en el trágico hecho falleció por múltiples golpes Emanuel Muñoz de 16 años, quien había sido despedido del interior del auto.Pero además de ese momento doloroso vivido se sumó cuando uno la patrulla rural que estaba realizando un operativo de rutina, llegó hasta el lugar de los hechos y uno de los efectivos era uno de los tíos del chico fallecido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *