
(NOTI-RIO) En el marco de los 124 años de Río Colorado, la comunidad rindió un sentido y merecido homenaje a un hombre que, con apenas un cuaderno y una lapicera, supo dejar una huella imborrable en el corazón del fútbol infantil local. Aníbal Valentín Oviedo, más conocido como Pony, fue reconocido por una trayectoria que supera las tres décadas de trabajo ininterrumpido, dedicadas exclusivamente a las divisiones inferiores del fútbol de la comarca.
Un hombre incansable, que recorrió miles de kilómetros en bicicleta, a dedo, en moto y, en los últimos tiempos, en algún modesto coche. Lo hizo siempre con una sola convicción: estar presente cada fin de semana en alguna cancha, sin importar las condiciones ni el cansancio.
Un gesto firme, un alma enorme
Aún hoy mantiene ese gesto recio que lo caracteriza, pero con el corazón más generoso que nunca. Pony fue ovacionado por su gente, arropado por su familia y acompañado por decenas de exjugadores que pasaron por sus recordados programas de radio y televisión, como El Rincón del Fútbol Menor.
La emoción fue inevitable. Al tomar el micrófono para agradecer el reconocimiento, se quebró por completo, repasando momentos de su carrera y demostrando que su memoria sigue intacta al relatar con detalle anécdotas y estilos de juego de aquellos “pibitos” que hoy ya son hombres.
Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con el anuncio de que la Biblioteca Popular Domingo Sarmiento destinará un espacio permanente llamado “El Rincón del Fútbol Menor”, donde se conservarán sus históricos cuadernos: verdaderas joyas que guardan más de 30 años de estadísticas, relatos e historias que dieron forma al fútbol infantil regional.
El periodista del pueblo
Todo comenzó un 19 de agosto de 1990, cuando, casi por casualidad, Pony llevó los resultados de un partido infantil a la radio. Desde entonces, jamás dejó de asistir a las canchas cada sábado, fuese a pie, en bicicleta o en su pequeña moto 50 cc. Su presencia se volvió tan habitual como necesaria.
Con su bolso, su grabadora a cassette y su inquebrantable vocación, Pony se convirtió en cronista, memoria y voz de los chicos. “Nunca pensé en la plata. Hice esto por pasión, y por amor a ellos”, repetía siempre.
Su trabajo fue mucho más que relatar resultados. Pony conocía a cada jugador, sus apodos, sus gustos, sus familias. Como bombero de profesión, su sensibilidad era única: sabía quién llegaba con hambre, quién jugaba sin guantes, con botines rotos o sin canilleras.
No temía decir lo que muchos callaban. “El dinero que entra por las divisiones inferiores no siempre vuelve a ellos”, denunciaba con voz firme pero serena. Su labor fue artesanal: en tiempos sin internet, sin redes, sin planillas digitales, Pony construyó un archivo vivo y único, que hoy se resguarda como patrimonio cultural de la ciudad.
Con 72 años recién cumplidos y enfrentando algunas dificultades de salud, Pony se resiste a abandonar su pasión. Aún hoy se lo ve en las canchas, detrás de los alambrados, atento a cada jugada.
Aunque no tenga un sucesor directo, su legado es inmenso. Durante 27 años consecutivos organizó la ceremonia de fin de temporada, premiando a más de 4.500 chicos entre ternas, goleadores y vallas menos vencidas. Una tarea que llevó adelante, año tras año, con el respaldo de su familia y el apoyo voluntario de la comunidad.
Un rincón para siempre
El homenaje no solo fue un acto de gratitud: fue una manera de inmortalizar su trabajo. El rincón que llevará su nombre en la biblioteca no será un simple espacio físico. Será un testimonio de amor, esfuerzo y compromiso. Será, como dijo un vecino mientras lo aplaudían de pie:
“Pony no fue periodista. Fue un cronista de la infancia. Y de esos, ya no quedan.”















