
(NOTI-RIO) La interna radical del pasado domingo 19 de mayo en Río Colorado no fue solo una disputa por la conducción del comité local. Detrás de una elección con escasa participación —apenas el 29,76% del padrón—, emergen señales de reconfiguración interna, tensiones latentes y un incipiente realineamiento de sectores de la UCR local hacia el oficialismo de Juntos Somos Río Negro (JSRN).
Con una diferencia de apenas 17 votos, la lista Roja y Blanca, liderada por Paula Bueno y Uriel Aguilar, se impuso con el 53,36% de los sufragios frente a la lista Rosa, Blanca y Roja N.º 5 de Araceli Seibel y Uriel Goenaga, que obtuvo el 46,64%. A pesar del margen estrecho, la victoria fue suficiente para poner fin a la conducción de José Luis Cheuquepán, quien lideró el partido durante dos mandatos y fue el último candidato a intendente por la UCR, cosechando solo el 9,5% de los votos en las elecciones de 2024.
En el nuevo escenario, la única representante del partido y actual concejala radical en funciones, Vanesa Picabea, emerge como la voz crítica dentro del partido. Desde el sector que perdió la interna, planteó su postura, alertando sobre lo que interpreta como una creciente cercanía entre los ganadores y el oficialismo provincial. “Jamás hubo charlas de nuestro sector con el PRO ni con JSRN. Tenemos buena relación personal con algunos referentes, pero nunca se habló de alianzas. Es evidente, en cambio, la cercanía de quienes ganaron con el oficialismo“, aseguró.
Picabea advierte sobre un viraje político que podría diluir el histórico rol opositor de la UCR, fuerza que —al menos en lo formal— no forma parte del esquema de poder del oficialismo provincial. Las declaraciones a NOTI-RIO, de la edil dejan entrever no solo una disputa electoral, sino un choque de visiones respecto al rol partidario: autonomía frente a alineamiento; identidad opositora frente a integración táctica.
A partir del 10 de junio, cuando Paula Bueno asuma oficialmente la presidencia del comité local, comenzará una etapa de convivencia forzada por el sistema D’Hondt, que obliga a ambas líneas internas a compartir la conducción. Sin embargo, aún está por verse si esta coexistencia podrá transformarse en un trabajo mancomunado o si, por el contrario, las fricciones internas seguirán marcando el pulso de la UCR local.
Picabea, lejos de replegarse, reivindicó su rol como minoría crítica: “La diferencia fue muy pequeña y con una participación baja. Eso también dice mucho. Pero más allá de eso, vamos a seguir trabajando. No nos borra perder una interna”, afirmó. En ese sentido, remarcó que su espacio continuará con una línea participativa, sin “obediencia ciega”, llevando los debates del Concejo al comité y priorizando temas estructurales como agua potable, cloacas, iluminación y asfalto.
La dirigente concluyó que anticipa un debate intenso hacia el interior del partido: “Si queremos salir adelante, debemos volver a trabajar por nosotros, por la UCR. No por otros”.
En tiempos de fragmentación y alianzas fluidas, la UCR de Río Colorado enfrenta un dilema clásico: ser parte o marcar diferencia. Lo que ocurra dentro del comité en los próximos meses será clave no solo para el destino del radicalismo local, sino también para el mapa político de la ciudad y su relación con el poder provincial.

