El largo camino de las gemelas Huebra: De Luis Beltrán a Médicas en Bahía Blanca

(NOTI-RIO) La perseverancia tiene nombre propio para Anacleta y Onelia Huebra. El pasado 16 de mayo, estas hermanas mellizas oriundas de Luis Beltrán, alcanzaron un hito largamente anhelado: recibieron sus títulos de médicas tras una década de esfuerzo, sacrificio y una inquebrantable determinación. Su historia es un testimonio de resiliencia, marcada por tres intentos para ingresar a la carrera de Medicina en la Universidad Nacional del Sur (UNS) en Bahía Blanca y el sueño compartido de llevar la salud de calidad a su pueblo natal.

Las hermanas Huebra, nacidas en Neuquén capital pero criadas en el tranquilo Luis Beltrán desde los tres años, llegaron a Bahía Blanca con la firme convicción de convertirse en profesionales de la salud. Sin embargo, el camino no fue sencillo. El exigente examen de ingreso a la UNS se presentó como un muro infranqueable en 2017 y 2018. Pero Anacleta y Onelia, con la convicción de que “un ingreso no nos va a ganar”, no bajaron los brazos. Fue en 2019 cuando, finalmente, lograron sortear ese obstáculo.

Tras siete años de dedicación académica y el invaluable apoyo familiar, las mellizas obtuvieron sus diplomas el 14 de diciembre de 2024, junto a otros sesenta compañeros. Este logro no fue casualidad: nunca desaprobaron un examen o una materia, reflejo de su compromiso. Desde el 5 de marzo, ambas se encuentran inmersas en un programa de pre-residencias que se extenderá hasta el 31 de agosto. Onelia se especializa en clínica médica en el Hospital Interzonal Dr. José Penna, mientras Anacleta se enfoca en medicina familiar en el centro de salud de General Cerri.

Un vínculo inquebrantable y una vocación compartida

La convivencia en Bahía Blanca, donde compartieron departamento con su hermano Felipe, fue clave en su proceso. “Nos apoyamos en los momentos más difíciles. Nos reíamos cuando no dábamos más y festejábamos cada logro como si fuera el de las dos”, recuerda Anacleta. Esta simbiosis fue fundamental, especialmente en los arduos exámenes finales. Onelia añade: “Estar con One me hizo dar más calma, motivación y la certeza de que nunca estaba sola y que, a pesar de todo lo que nos había costado entrar, nada era imposible”. Lejos de la competencia, primó el acompañamiento y el entendimiento mutuo, incluso en los desafíos inherentes a cualquier convivencia entre hermanos.

Si bien la elección inicial de Medicina fue de Anacleta, Onelia la siguió, atraída por su interés en la biología y las ciencias exactas. Ambas comparten una afinidad por las ciencias naturales, el deporte, la alimentación saludable y la prevención, una vocación que también exploraron a través de su participación en el Club de Leones.

La elección de Bahía Blanca para estudiar, a pesar de la cercanía con Cipolletti, se basó en las excelentes referencias sobre la calidad académica de la carrera y la tranquilidad de la ciudad. El apoyo familiar fue constante, tanto emocional como económico, un esfuerzo que las hermanas valoran profundamente. “Para los que somos de otro lado, estudiar, venir a Bahía Blanca, implica un gran costo y un gran aporte económico de nuestros papás. Ellos tuvieron que postergar sueños, proyectos, viajes y un montón de cosas para que nosotras hoy seamos lo que somos”, destaca Onelia. Para cubrir gastos extras y salidas, Anacleta y Onelia incluso vendieron frutos secos y entradas para un boliche local.

El sueño de regresar y la importancia de la conexión humana en la medicina

La mirada de las flamantes médicas ya está puesta en el futuro. Una vez que finalicen sus cuatro años de residencia, Anacleta y Onelia planean regresar a Luis Beltrán. Su pueblo, al que describen como un lugar de “tranquilidad, amabilidad, naturaleza y canales de riego”, sufre la falta de profesionales de la salud, lo que obliga a sus habitantes a recorrer kilómetros para acceder a especialistas o consultas básicas. “Nos gustaría que eso cambie llevando para allá todo nuestro conocimiento”, afirma Anacleta, quien además es Técnica Superior en Periodismo y vislumbra la posibilidad de utilizar esa faceta para la promoción y prevención de la salud.

Antes de emprender ese regreso, las hermanas sienten la necesidad de “devolver” a Bahía Blanca todo lo que les brindó. “La gente nos recibió muy bien. Hacer la residencia acá es una forma de devolver lo que la universidad nos dio”, explica Anacleta.

Cuando se les pregunta qué significa ser una buena médica, Anacleta y Onelia coinciden en la importancia de la relación médico-paciente. Para Onelia, va más allá del conocimiento técnico: “Hoy en día muchos profesionales tienen carencias en cuanto la relación médico paciente, que nosotras consideramos que es la parte más importante”. Anacleta subraya que la UNS les enseñó a ver al paciente como un ser integral, no solo como un conjunto de síntomas. “Una buena médica es una persona que saluda al paciente cuando entra al consultorio, lo mira a los ojos, lo escucha y tiene en cuenta sus preferencias y valores, su contexto”, enfatiza. La simple acción de escuchar puede ser un alivio inmenso para quienes buscan atención.

Anacleta y Onelia Huebra, mellizas, tenaces y ahora colegas, representan la nueva generación de profesionales de la salud con una clara vocación de servicio. Con una excelente comunicación entre ellas, forman un equipo sólido que busca un destino donde puedan beneficiar a más personas, con la convicción de que el conocimiento y la empatía son las herramientas más poderosas.

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