
Durante el segundo semestre de 2025, la Oficina de Género de la Municipalidad de Río Colorado recibió 43 denuncias por situaciones de violencia, un promedio cercano a una por semana. Detrás de este dato estadístico se despliegan historias personales atravesadas por el miedo, la desigualdad y la necesidad de acompañamiento institucional.
Según los registros oficiales correspondientes al período comprendido entre julio y diciembre, 40 de las denuncias fueron realizadas por mujeres contra hombres, mientras que las tres restantes correspondieron a presentaciones de hombres contra mujeres. La información confirma una tendencia persistente y estructural que atraviesa distintos sectores sociales y continúa teniendo como principal escenario el ámbito familiar y de pareja.
Especialistas que trabajan en el abordaje de estas situaciones advierten que la instancia de denuncia suele ser el punto final de un proceso largo y complejo. Antes de llegar a una oficina pública, muchas personas transitan meses o incluso años de violencia silenciosa, que no siempre se expresa de manera física.
El control económico, la descalificación permanente, el aislamiento social y la intimidación psicológica forman parte de las modalidades más frecuentes. En ese contexto, pedir ayuda implica romper con el temor y con la naturalización de prácticas violentas, por lo que cada denuncia representa, además, un acto de decisión y confianza en las instituciones.
Un abordaje articulado
Desde el ámbito municipal destacan que la respuesta frente a la violencia de género no puede ser fragmentada. En Río Colorado, la intervención se apoya en un trabajo coordinado entre diferentes organismos con el objetivo de garantizar acompañamiento integral y evitar la revictimización.
En esta red participan la Oficina de Género, la Comisaría de la Familia, el SENAF, el Juzgado de Paz, el Hospital José Cibanal y la Fiscalía. La articulación busca que las personas que denuncian no deban relatar reiteradamente su situación y puedan acceder, de manera más ágil, a medidas de protección, atención sanitaria y asesoramiento judicial.
Impacto en la salud
Otro de los aspectos señalados por los equipos profesionales es el fuerte impacto que la violencia tiene en la salud física y mental de quienes la padecen. Muchas víctimas sostienen su vida cotidiana -trabajo, crianza, vínculos- mientras conviven con el agresor, desarrollando estrategias de supervivencia que, a largo plazo, generan un desgaste emocional significativo.
Ansiedad, miedo constante, culpa y vergüenza aparecen como consecuencias frecuentes que requieren acompañamiento psicológico sostenido, además de contención social.
Una responsabilidad colectiva
La violencia de género es reconocida hoy como un problema de salud pública y de derechos humanos. Desde el Estado municipal se insiste en que existen dispositivos de orientación y asistencia disponibles para quienes atraviesan estas situaciones.
Sin embargo, más allá de la respuesta institucional, los datos invitan a una reflexión colectiva. Detectar señales de violencia, acompañar a quienes están cerca y fortalecer las redes comunitarias son acciones clave para prevenir situaciones más graves. Garantizar una vida libre de violencia no es solo una obligación del Estado, sino un compromiso que involucra a toda la sociedad de Río Colorado.
