Río Negro: el inicio de clases en jaque por una paritaria al borde del abismo

(NOTI-RIO) La tregua del verano se terminó antes de tiempo en los despachos oficiales de Viedma. Mientras el sol pega fuerte en la costa y la cordillera, el clima político está que arde. El gobernador Alberto Weretilneck ya marcó la cancha: la provincia no puede pagar lo que no tiene. Del otro lado, los docentes de UnTER y los estatales de ATE lanzaron una advertencia que resuena en cada hogar rionegrino: si no hay un aumento real, las escuelas seguirán cerradas en marzo.

El conflicto tiene una fecha clave: el 22 de enero. Ese día, el Gobierno y el gremio docente se verán las caras. Pero el punto de partida es una grieta difícil de cerrar. Weretilneck avisó que se terminó la era de los aumentos atados a la inflación. Ahora, la billetera manda. “Si tengo menos ingresos, no voy a tener cómo pagarlo. Es matemática pura”, sentenció el mandatario, quien mira de reojo una recaudación que no logra alcanzar el 31% de inflación con el que cerró el 2025.

La heladera vs. los números oficiales

Para los trabajadores, la matemática oficial no cierra en el supermercado. Laura Ortiz, secretaria general de UnTER, le puso números a la angustia: un maestro que recién arranca cobra $1.100.000, cuando la canasta básica ya araña los $1.900.000.

“Antes decíamos que no llegábamos a fin de mes; después, que no llegábamos al 15. Hoy, el mismo día del cobro ya nos quedamos sin plata”, graficó Ortiz.

La bronca gremial no es solo por el monto, sino por el tiempo. Denuncian que la convocatoria llega con los sueldos de enero ya liquidados, lo que estira la agonía un mes más. Además, cuestionan la veracidad del IPC: aseguran que el costo de vida real es mucho más alto que el que dictan las planillas del Indec.

ATE, en pie de guerra

El malestar no es exclusivo de las aulas. Rodrigo Vicente, titular de ATE, puso el grito en el cielo al quedar fuera de la mesa de diálogo del 22. Los estatales no reciben una actualización desde septiembre y la paciencia se agotó. “El conflicto es inevitable si no se nos convoca”, disparó Vicente, recordando que el asfalto y el mostrador de los hospitales también sufren el ajuste: la carne subió un 20% y los alquileres casi un 40% en el último tramo del año pasado.

El desafío de las 980 escuelas

Weretilneck insiste en que el Estado provincial tiene que hacer malabares. Con el 60% de los fondos dependiendo de Nación, el gobernador sostiene que debe priorizar el funcionamiento básico: patrulleros, hospitales y el mantenimiento de las 980 escuelas rionegrinas durante el receso. La meta de los 190 días de clases parece hoy un objetivo lejano, supeditado a una negociación que se prevé áspera y sin mucho margen de maniobra.

La provincia entra en una semana decisiva. Con los salarios congelados desde octubre y una inflación que, aunque bajó al 2,8% en diciembre, sigue limando el poder de compra, el inicio del ciclo lectivo 2026 se convirtió en la principal moneda de cambio de una puja que recién empieza.


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