
(NOTI-RIO) Se terminó el misterio y la silla vacía en Viedma. Después de cinco meses de una acefalía que se sentía en cada bache, el Distrito 20 de Vialidad Nacional ya tiene nombre y apellido: Héctor Nisim Tasat.
Este abogado y contador roquense de 36 años, formado en la UADE, no llega a una oficina tranquila. Recibe un organismo que estuvo a la deriva desde agosto, cuando Enzo Fullone dejó el cargo para saltar al Senado por La Libertad Avanza. Tasat, que venía repartiendo sus días entre Buenos Aires y Roca, ahora se instala en la capital provincial con una misión casi imposible: gestionar rutas que se caen a pedazos con una caja que tiene candado.
Aunque su currículum habla de auditorías mineras y análisis financiero, en los pasillos de la política rionegrina se sabe que su desembarco tiene el sello de Fullone. Es el mismo esquema de “influencia” que se vio hace semanas con las nuevas caras en el PAMI.
Tasat asume formalmente este lunes. Ya tuvo sus primeras reuniones en Buenos Aires con el administrador general, Jorge Campoy, y sabe que no hay tiempo para fotos de protocolo. El “ruido” judicial por el intento fallido del Gobierno de disolver Vialidad todavía resuena, pero por ahora, las delegaciones provinciales siguen en pie.
El nuevo jefe no va a necesitar GPS para encontrar los problemas; los reclamos le van a llover apenas se siente.
- Ruta 151 (El frente judicial): Tiene sobre la mesa un fallo de la Justicia Federal. El gobernador Weretilneck y cinco intendentes se cansaron de las promesas y lograron que la Justicia obligue a Vialidad a presentar un plan técnico urgente. La ruta es, hoy, una trampa de inseguridad.
- Ruta 22 (La obra eterna): El ensanche es un rompecabezas de contratos abiertos y empresas que se fueron. Solo hay doble carril en tramos aislados (Chichinales-Cervantes y Allen-Oro). El plan del Gobierno nacional es concesionarla con peaje, pero eso es música de 2027. ¿Qué pasa mientras tanto? Eso es lo que Tasat tiene que resolver.
- Ruta 23 (El último suspiro): Faltan apenas unos kilómetros para que el asfalto una por fin el mar con la cordillera. La obra espera fondos hace tres años. Un “final de obra” que sería un golazo político si logra destrabar las monedas necesarias.
