
(NOTI-RIO) Hay motores que no solo queman combustible, sino que despiertan memorias. El ronroneo del motor trasero de un Fiat 600 tiene esa capacidad hipnótica de frenar el mundo.
En la tarde, cuando el sol empezaba a castigar el asfalto de la Ruta 22, un punto blanco cargado de bultos y sueños asomó por el puente carretero que une La Adela con Río Colorado.
No era un turista más. Era la familia cordobesa compuesta por Cecilia Hegetschweiler, Martín Corona y la pequeña Amélie, quienes a bordo de su “Bolita” modelo 1977, están demostrando que el destino es apenas una excusa cuando el camino se disfruta a 70 kilómetros por hora.
Río Colorado: El oasis necesario
Al llegar a Río Colorado, el punto estratégico donde la Pampa se transforma en Patagonia, la familia decidió hacer el “descanso del guerrero”. Allí, a la sombra de los árboles que bordean el río, el Fiat 600 se convirtió en una celebridad instantánea.
“Cuidar la máquina es cuidarnos a nosotros”, dice Martín mientras chequea el radiador delantero, una reforma técnica clave que le permite al pequeño gigante enfrentar las temperaturas del norte patagónico sin “hervir”.
Para Martín, este viaje es un círculo que se cierra: a los 18 años cruzó a Chile en un modelo 67. Hoy, tres décadas después, le enseña a su hija Amélie que no hace falta una camioneta 4×4 para conquistar el desierto, sino paciencia y amor por los fierros.
Cecilia, con la calma de quien ya dejó atrás el estrés de la ciudad, coincide: “Es como ir paseando por el patio de casa. La gente nos toca bocina, nos saluda, nos saca fotos. No somos un auto en la ruta, somos un recuerdo que camina”.
Ver el portaequipajes del 600 es una lección de tetris profesional. Allí viajan la carpa, las sillas y la heladerita; elementos básicos para una estadía en el camping de Las Grutas. El habitáculo, pequeño por definición, rebosa de complicidad familiar.
En las redes sociales, la travesía ya empezó a viralizarse. Los grupos de “Fanáticos del Fiat 600” siguen su rastro con orgullo. En la web, muchos usuarios destacan un dato técnico que Martín menciona con humildad: el consumo es similar al de un auto moderno, pero la satisfacción es infinitamente superior. El motor original, con su reforma de refrigeración, trabaja estable entre los 70 y 80 grados, desafiando el mito de que estos autos “se calientan” en los viajes largos.
Más que un viaje, una herencia
La familia dormirá esta noche en Río Colorado, sintiendo el aire fresco que baja del río. Mañana les quedará el último tramo hacia el mar, esos kilómetros finales por la Ruta 251 donde el Fiat 600, finalmente, verá el azul del Golfo San Matías.
Como periodistas, solemos cubrir noticias de urgencia. Pero hoy, la noticia es la pausa. Cecilia, Martín y Amélie nos recordaron que la Patagonia no comienza en un cartel, sino en el momento en que uno decide bajar la ventanilla, apagar el aire acondicionado y dejar que el paisaje entre, sin prisa, por el parabrisas de un Fitito.
Datos de color
- La reforma del radiador: Es una de las modificaciones más valoradas entre los viajeros de Fiat 600. Colocarlo adelante recibe el aire directo, eliminando el histórico problema de temperatura de este modelo.
- El espíritu de los 70: En las décadas de gloria del 600, era común ver familias enteras viajando desde Buenos Aires o Córdoba hacia la costa atlántica, convirtiendo al auto en el símbolo de la clase media argentina.
- Destino final: Las Grutas los espera no solo con sus aguas cálidas, sino con el reconocimiento de otros viajeros que, al cruzarlos, sentirán que los años no han pasado.
