El fin del “autoaplauso”: Juan Murillo Ongaro cuestiona los actos políticos tradicionales y pide pasar a la gestión

(NOTI-RIO) El legislador provincial del PRO, de Río Colorado, Juan Murillo Ongaro, encendió el debate sobre las formas de la política actual al criticar con dureza el formato de los actos públicos oficiales. En una entrevista radial, el parlamentario rionegrino advirtió sobre el creciente divorcio entre la sociedad y la dirigencia, asegurando que la ciudadanía ya no busca ceremonias protocolares, sino respuestas concretas: “La gente quiere que trabajemos y hagamos cosas”.

Tomando como referencia el reciente aniversario de Choele Choel, Murillo Ongaro aclaró que su intención no es desmerecer las celebraciones comunitarias, sino cuestionar la lógica con la que se estructuran los eventos gubernamentales.

Para el legislador, muchas de estas convocatorias terminan convirtiéndose en espacios endogámicos. “Son esos actos que se hacen para aplaudirnos entre nosotros, donde nos aplaudimos los políticos”, fustigó.

El “anzuelo” de las entregas oficiales y la ironía del poste

Uno de los puntos más agudos de su crítica apuntó al uso de herramientas de gestión, como la entrega de escrituras o personerías jurídicas para “inflar” la asistencia a los eventos del oficialismo. Si bien reconoció el enorme valor que estos hitos tienen para los vecinos, desnudó la estrategia política detrás de su puesta en escena: “Se hace para juntar un poco de gente, porque si no se hicieran esas entregas, no va nadie”.

El referente del PRO también recurrió a la ironía para graficar lo que considera una exageración del marketing político actual, señalando que a veces se arman despliegues desproporcionados por logros insignificantes. “Hay inauguraciones de un poste que se sacó de un lado y se puso en otro. Está bien, pero no hace falta convertir todo en un acto”, sentenció.

Para Murillo Ongaro, el diagnóstico es claro: existe un hartazgo social frente a la liturgia política tradicional. “La gente ya no nos quiere ver ni nos quiere escuchar”, admitió con autocrítica, ubicando la demanda social en el terreno de la productividad y la gestión real por sobre el asfalto electoral y los discursos eternos.

Al proyectar cómo debería ser la relación entre el Estado y los ciudadanos, el legislador delineó su propia receta en caso de ocupar un rol ejecutivo en el futuro, apostando por la sobriedad y el respeto al protocolo esencial:

“Yo haría un acto sencillo: venir, acompañar a la gente, cantar el Himno, llevar la bandera y celebrar protocolarmente el aniversario. Eso es lo que corresponde y creo que la gente acompañaría mucho más”.

Con este planteo, Murillo Ongaro busca posicionarse en la vereda de la racionalidad y la austeridad, un discurso que resuena con fuerza en el clima de época actual, donde la demanda de “menos rosca y más gestión” gana terreno en la opinión pública.

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