(NOTI-RIO) Sábado a la noche. El sonido de la sirena, que rompe la tranquilidad nocturna de Río Colorado, llama a un grupo de hombres que prestan servicios como bomberos voluntarios, que sin pensar dejan sus familias, sus trabajos, sus tareas, su descanso y corren presurosos hacia el cuartel. Allí comienzan con el ritual de vestirse y en pocos segundos toman sus cascos: listos para salir en ayuda.
Desde hace varios días el personal, que tiene más corazón que recursos, están peleando cuerpo a cuerpo contra las enormes llamas que arrasan con miles de hectáreas a su paso , un adversario que los supera en tamaño y en poder. Allí en medio de esa batalla, entre el hombre y ese fenómeno, comienzan las historias
Entre los tantos ejemplos figuran: Sebastian Dilschneider, un voluntario -cabo primero- con 12 años en la fuerza y de profesión albañil. Francisco Ramón Alvarado, voluntario -sargento- 27 años de bombero, de profesión pintor. Luis Eduardo Guillermo, sargento en la fuerza policial, con 22 años como bombero.
La falta de personal del cuartel de Río Colorado, llevó a que los hombres se vieran obligados a estar tres días ininterrumpido en plena lucha para poder controlar y sofocar el fuego. Teniendo que sortear largas jornadas de intenso calor y buscar la forma de respirar entre el espeso humo del incendio.
Mientras compartían unos mates, comenzaron a salir a la luz algunas experiencias. Los rescatistas cuentan que hubo un momento en pleno monte, donde hubo sólo cuatro bomberos y dos productores rurales, que tuvieron que hacerle frente a la avanzada de las llamas, que devoraba con todo lo que tenían a su paso.
“Hubieron momentos que durante el trabajo, tuvimos que soportar muchísimo calor que nos teníamos que agacharnos para refugiarnos, porque parecía que nos cocinábamos y en algunos momentos después de hacer el contrafuego, corríamos y nos agachábamos para poder respirar y en ese mismo momento reponíamos un poco las energía para poder seguir, caminando por todo el campo” señaló Guillermo.
Tampoco ocultaron la decepción y la preocupación cuando se enteraron, que los sectores que ellos habían dejado controlados unas horas antes del cambio de guardia y con la rotación de los vientos, habían sido superados nuevamente por el fuego.
“Da mucha rabia saber que todo el esfuerzo de muchas horas se te pierde en poco segundos”.
Quedó a la vista la notable falta de equipos adecuados para la comunicación, aunque un invento local trata de suplantarlo. Con los grandes incendios del año 2.000, Jorge Lavezzo y Juan Calbó diseñaron la forma de mantener comunicados a los hombres entre si, en caso que el fuego avanzara mas de la cuenta. “Cada bombero tienen que llevar un silbato. Cuando estamos trabajando en un contrafuego y se nos pasa el fuego mas de la cuenta. El bombero que ve el problema empieza a los silbatazos pidiendo colaboración al resto del personal que puede llegar a estar a más de 200 metros separados, para poder apagar ese fuego que se escapa.”
Otro personal que está realizando esfuerzos, es el cabo primero Oscar Pallis, con 14 años de servicio, se encuentra en la guiada del cuartes centras de Río Colorado desde el sábado a las 13 horas y hasta el momento continua en el lugar de trabajo, manteniendo el humor y la cordialidad. Mientras que el bombero voluntario Víctor Torralba, dejó las vacaciones de lado en la empresa privada donde trabaja y esta internado en el campo trabajando.
Sus historias, de batalla frente al fuego, hablan de la acción de héroes anónimos, que nunca esperan el reconocimiento, sino poder haber logrado ganarle la pelea al incendio.-