Andy Boyle le gustaba salir a tomar. Bastante. Pero un día, en medio de una resaca terrible, de un departamento desordenado, con una carrera que no iba a ningún lado y con una larga lista de amigos a los que había ofendido y lastimado, entendió que algo tenía que cambiar.
Hace dos años Andy, oriundo de Chicago, dejó el alcohol. Los resultados para él fueron más que buenos: bajó 34 kilos, se compró un departamento nuevo, empezó a hacer ejercicio cuatro veces a la semana, consiguió un trabajo estimulante, y mejoró enormemente su autoestima.
Boyle relató su experiencia en un exitoso artículo publicado en Medium, y le contó a LA NACION cómo hizo para cortar el círculo vicioso que lo ataba a la bebida, una adicción que venía de familia: tanto su padre como su madre fueron internados para poder dejar de tomar.
A continuación, las 9 cosas que aprendió Andy luego de dejar el alcohol:
No hace falta tomar para pasarla bien
Andy reconoce que casi todas las actividades en las que estaba involucrado pasaban por el alcohol. Ir a conciertos, after-hours, ir a cenar… Pero entendió que, aún sin tomar, la puede pasar bien. “Seguís siendo vos. Descubrí que cuando salgo con gente que toma, de todas formas, me pongo en ese estado jodón y divertido que me ponía antes. Estás menos desinhibido, pero tampoco es tan terrible”, dice.
Sin alcohol tenés menos arrepentimientos
“Antes, cuando me levantaba, miraba los mensajes y las llamadas de mi teléfono y decía ‘uh dios ¿que hice anoche?’. Ahora me controlo mucho más. Y también cuenta para cuando estoy en una conversación, y alguien dice algo que me enoja, me puedo tomar un tiempo para responder de mejor manera y no sacarme”, cuenta.
La gente te va a juzgar
Andy cuenta que ésta no se la vio venir. “La gente te jode y te dice cosas por no tomar. Y algunos te dejan de ver. Perdí amigos y parejas por esto. Pero te hace pensar cuántas relaciones estaban alimentadas por malos hábitos”.
Dormís mucho mejor
“No dormía tan bien desde antes del secundario”, cuenta Andy en el artículo publicado en Medium.
Te ponés menos triste
“No sé si estaba deprimido o no, pero antes tenía muchos bajones. A veces no salía de mi departamento por días enteros. Ahora definitivamente me siento mucho mejor conmigo mismo. En vez de bajonearme, ahora busco cosas más positivas cuando no estoy del todo bien”, dice.
Desarrollás más empatía hacia los demás
Andy cuenta que ahora es menos proclive a enojarse por nimiedades. Ahora, cuando pasa algo que antes podría haberlo enojado, se lo toma de otra manera. No siente una necesidad de “estallar”, sino que puede comprender más al otro y actuar de manera acorde, menos agresiva.
Tenés más plata
Lo que no va a parar al alcohol, se ahorra. Y así Andy dice que logró depositar el primer cuarto de un plan de pagos para un departamento nuevo.
Te cansás más temprano
Ahora, Andy no aguanta hasta la madrugada. Se va a dormir “como mucho a las 11 de la noche”, según le cuenta a LA NACION. “Ahora, mis noches alocadas implican dar un paseo caminando por el vecindario, ir a comer, ver una peli, leer un libro…jugar juegos de mesa con amigos”, dice.
“Lo que te mantiene encendido toda la noche era el alcohol. Pero también te perjudica el sueño”.
Te volvés súper productivo
“Al no pasarte el tiempo en bares y ese tipo de lugares, podes aprovechar el tiempo para hacer un montón de cosas. Trabajo más, leo más, aprendo mucho más…”, dice Andy.