En los casos mas resonantes de la triste historia policíaco – judicial, de nuestra provincia, se genera siempre un episodio que es aún mas triste que el hecho denunciado y/o juzgado. La sociedad se parte al medio. Ocurre intensamente hoy en Choele Choel con el caso Solano y se dio en Río Colorado hace mas de 20 años con la muerte de Sergio Sorbellini y Raquel Lagunas.
Los damnificados, enfrentan a los sospechosos, ya sea con verba, hasta a veces con acciones mas violentas.
Y cada grupo lleva a la contienda, a sus familiares, a sus amigos y a toda relación posible, ya sea familiar, laboral, profesional.
Amistades de años que se pierden.
Familias enteras partidas por el dolor y el enfrentamiento.
Y los consabidos centenares de opinólogos que cada hecho genera.
El Caso Leguizamón, en Río Colorado, tiene ese destino.
No se trata de saber cual grupo es mayor u ofrece mas cantidad de adeptos.
Solo basta observar.
Escuchar con atención.
Algún intolerante, hasta tuvo el atrevimiento de poner en duda la denuncia.
En busqueda de soluciones, varios de los representantes del pueblo, llegaron.
Ofreciendo gestión, algunos.
Acudiendo a llamados, otros.
O tan solo ponerse al lado de los chicos denunciantes.
Tania Lastra; Magdalena Odarda; Jorge Cejas; en estas horas el profesor Pedro Pesatti.
Entre ellos, uno tiene plus.
Jorge Cejas conoce a los chicos Leguizamón desde el vientre materno.
Y mantiene relación por años, con el actual titular del Banco de la Nación Argentina, Juan Carlos Fábrega.
Compañeros de vida, de militancia y de vida bancaria.
Cejas fue también, compañero de trabajo a cotidiano de Leguizamón.
El Diputado Nacional, escuchó, evaluó, y comprometió gestión.
No habían transcurrido 24 hs. de la reunión de Cejas con Pablo y Carolina, que el padre de los denunciantes ya no pertenecía mas a las filas de la entidad crediticia.
Fue un acuerdo Cejas – Fábrega.
Que se perseguía ?
Eliminar el seguro foco de conflicto que provocaba la presencia del denunciado, en el sector de atención al público de la sucursal riocolaradense del Nación.
El banco no puede adoptar medida disciplinaria alguna, hasta tanto se expida la justicia.
Y mucho menos salarial.
La situación era insostenible.
Incluso puertas adentro.
Cejas erra un camino.
Cree que su gestión, a la que se comprometió con los hijos de Leguizamón, lo ha dejado en situación de “defensa del violador”.
Es cierto que a alguna voz se le oyó decir: “Al final lo terminaron premiando”, en clara referencia al acusado.
No es menos cierto que esa voz se multiplicó.
“No hay comedido que salga bien”, se lo escuchó decir a Cejas a su círculo íntimo.
Una fuente irrefutable, menciona una charla telefónica entre Leguizamón y Cejas.
El primero llamó amenazante.
Cejas contestó: “Si fuiste vos, lo vas a tener que pagar”.
“Yo lo unico que persigo es justicia”, le dijo el diputado nacional.
Leguizamón además, deberá estar ajustado a derecho.
Fijará domicilio y si la justicia así lo entiende, será sometido a proceso.
La explicación concreta, es reiterada.
No se puede adoptar ninguna medida disciplinaria y mucho menos salarial, hasta que se expida la justicia.
Y mientras tanto, no se puede afectar a ningún acusado, ni siquiera cuando se tenga semiplena prueba de lo acaecido.
Aún cuando alguna Cámara del crimen, fallara al respecto, el imputado podría regresar a su puesto de trabajo y a los beneficios que ello acarrea, en menos de 24 hs.
Ocurre que mientras existan instancias de apelación, ningún fallo queda firme.
Claro ejemplo de ello, son las medidas adoptadas en la última semana y que referencian a la situación procesal de un caso sonado como Cromagnon, en el que Chabán, Fontanet y sus compañeros recibieron fallos contundentes, e inmediatamente se fueron a sus casas.
La resolución judicial de la “Masacre de Trelew” es otro caso.
En síntesis, el acuerdo al que se arribó en este caso puntual, además de correcto, es oportuno.
Solo en tren de buscarle un elemento para criticarla a la medida, podría señalarse que se tardó demasiado.
Cejas acudió en auxilio de quienes lo convocaron y ràpidamente, accionó.
Ahora es el tiempo de la justicia.
Es la hora del fiscal, el juez y los gabinetes de criminalística o los cuerpos forenses.
Son los tiempos de la justicia.
En su pequeño discurso en Plaza San Martín, Pablo Leguizamón, le habló a su padre.
“Yo se que alguien te va a contar”, dijo.
Y cerró, invirtiendo roles con su progenitor.
Se lo escuchaba como un adulto aconsejando a un menor.
“Tenés que pagar”, señaló ante centenares de convecinos.
“Tenés que pagar por lo que hiciste”.
Hasta que ese día llegue, Leguizamón es uno mas entre nosotros.
Con los beneficios que eso conlleva.
Y está bien que así sea.
Es el sistema que tenemos.
Cejas, por su función y aunque se le “revuelvan las tripas” está obligado a defender tal sistema.
Por Daniel Ferrer