"Sin señal y sin ayuda en la Ruta 22"

El 29 de enero viajamos desde Choele Choel con destino a Bahía Blanca; el motivo del viaje era que mi mujer, que cursa su quinto mes de embarazo, se realizara diferentes estudios médicos.

A la altura del kilómetro 915, entre Choele Choel y Río Colorado, tuve la mala suerte de atropellar una liebre que, dado su tamaño, destruyó por completo el frente de mi auto (radiador, protector de cárter y demás accesorios). Lo infortunado de este episodio no fueron las roturas materiales, además de que, gracias a Dios, ninguno de los tres ocupantes que nos trasladábamos en el vehículo sufrimos daño alguno: lo más desconcertante es que en una ruta donde se registra una gran cantidad de accidentes no se haya podido solucionar la falta de señal telefónica o, al menos, la ausencia de los sistemas de comunicación denominados SOS, como los que se pueden observar en la mayoría de las rutas que van hacia el norte y que más de una vez han servido –y mucho– en diferentes accidentes, como desperfectos mecánicos, para poder recibir ayuda y evitar de tal manera el quedar a la vera de la ruta esperando que alguien se apiade y detenga su marcha para prestar ayuda, al menos al ver a una mujer que en su vientre lleva una vida. Llamémoslo inseguridad, miedo, desconfianza, pero todo lleva a poder interpretar –o al menos intentar– los tiempos que hoy vivimos, para poder explicarle a mi hijo, cuando nazca, que llega a un mundo difícil e inseguro.

No quiero desviarme del tema con asuntos de sociólogos o políticos. La cuestión es que, pasado un buen rato de estar esperando que alguien pudiera acercarnos a cualquiera de los tres a Choele, ya que era el punto más cercano, una buena persona se apiadó de nosotros y acercó a mis familiares a la localidad mientras yo me quedaba esperando la ayuda en el vehículo, por la misma desconfianza de dejarlo solo. Luego de casi cinco horas, y cuando el sol apremiaba, llegó una grúa de Río Colorado. Ante mi sorpresa de por qué desde esa localidad y no desde Choele, pude saber que en esta última los servicios de auxilio son escasos.

De regreso nos topamos con una pareja que hacía un rato había sufrido un vuelco y que por la misma falta de señal de telefonía celular había estado esperando que pasara alguien para ayudarlos o al menos avisar a la policía, que por suerte ya se había hecho presente. Para fortuna de esos chicos, sólo habían sido daños materiales.

En conclusión, ¿por qué, siendo una ruta nacional (22) y con los antecedentes que posee esa recta interminable, no se ha trabajado en una manera de solucionar ese tema o buscarle una vuelta al problema? Y hablo de esta ruta porque me tocó vivirlo y porque he crecido en esta zona, pero sé que en muchas más –como, por ejemplo, desde el paraje El Solito sobre la Ruta 250 hasta la ciudad balnearia de Las Grutas– pasa lo mismo y más de una vez las ambulancias no han llegado a tiempo y se han perdido vidas.

Desde ya, quiero agradecer al señor Daniel Mao, que a bordo de un Peugeot 306 nos auxilió.

 

 

 

Güido R. Antonelli

DNI 29.764.309

Lamarque

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *