La vida de pareja”De todo me ocupo yo”

Cuando los reclamos se instalan en la pareja, el diálogo se cierra y se vuelve estereotipado, quitando toda posibilidad de solucionar el problema. ¿Cómo llegar a un acuerdo sin quedar atrapados en ellos? Todo un desafío a superar.

“De todo me ocupo yo”, “vos siempre te quejás”, “nunca me ayudas”, la vida de pareja conoce bastante de reclamos, el punto es qué hacemos con ellos. ¿Logramos un cambio o nos quedamos inmóviles sin aportar ninguna alternativa frente a la misma?

Cada pareja tiene su dinámica, no es algo que se impone de un día para otro, sino que juntos van creando un equilibrio que les resulte funcional. Cuando aparece una queja es una clara muestra de que la dinámica está teniendo dificultades. No hablamos de si el reclamo es justificado o no, tiene que ver con que uno de los dos no está cómodo con el equilibrio que construyo la pareja. Si esa molestia, no logra trascender el reclamo, no puede expresarse bajo una forma diferente, la relación pone en peligro uno de sus valores principales: #LaComunicación.

Asímismo, si frente a un descontento del otro nos empecinamos en buscar al dueño de la verdad lo único que hacemos es cerrar el dialogo porque cuando ésta se vuelve moneda corriente pasa a transformarse en un obstáculo mayor, generando situaciones que no suman soluciones al problema, al contrario, en vez de darle lugar a lo que se está planteando, nos acostumbramos a él dejando que poco a poco el mismo vaya tomando más espacio dentro de la relación.

Puntos que suman (+) o restan (-) frente a los reclamos

.Ignorarlos (-). Claramente, la pauta que hace que se perpetúe una queja es no escucharla. Si no hacemos nada frente a lo que nos expresa el otro, la tensión va ir creciendo hasta que nuestra atención si o si se centre en el tema. Debemos evitar llevarlo al extremo antes de que se transforme en un conflicto difícil de abordar.

.Aprender a desactivar las quejas (+). La única clave para superar estas situaciones es el diálogo. Sólo podemos saber qué nos esta molestando como pareja, si hablamos sobre lo que esperamos o no esperamos de la relación. Tener en claro lo que quiero y lo que quiere el otro, nos permite actuar antes de que el reclamo se instale en el vínculo.

.Confrontar con enojo (-). Si frente a cada cosa que me molesta reacciono de la peor manera, la mínima queja va a llevar al fin de la pareja. Aprender a discutir un problema corriéndonos del enojo, nos abre una visión amplia de la situación para poder transitarla sin que las emociones nos desborden.

.Ampliar la comunicación (+). Necesitamos ampliar nuestros registros de expresión, encuadrar en un reclamo lo que queremos comunicar, limita el mensaje que queremos transmitir. Cuando usamos la queja como único vehículo para manifestarnos, corremos el riesgo de volvernos adictos a ella acortando toda posibilidad de cambio.

Cuando aparecen los reclamos debemos enfrentarlos, ver qué sucede, qué hay detrás de ellos. Si el vínculo es fuerte y la comunicación no es disfuncional, las alternativas para salir fortalecidos se multiplican, pero si nos aferramos a la queja sin poder salir de ella, dejando que domine el diálogo de la pareja, haciéndola parte de nuestra rutina, el desgaste irá cada vez poniendo más a prueba a la relación, sin aportar ningún cambio significativo para poder superar el problema, como dice una famosa frase: Si queremos que las cosas sean diferentes, no hagamos siempre lo mismo.

¿Y vos? ¿Cómo te manejas con los reclamos?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *