Macri: un primer año de gestión repleto de claroscuros

Lo dijo en la campaña y se los repitió a ellos en el mes de abril, cuando reunió a toda la tropa propia en el CCK: “Son el mejor equipo en 50 años”. Mauricio Macri sigue convencido de esa afirmación, pero admite en privado que los resultados no son los que esperaba, que la herencia era más seria de lo que presumían y debe reconocer que en la práctica los hechos no suelen compadecerse con lo previsto. A veces difieren sustancialmente.

Y más allá de lo que pueda pensar el Presidente, como hombre del fútbol debiera reconocer que lo que mandan son los resultados. En ese contexto, resulta contundente la encuesta publicada ayer por DIARIO POPULAR en la que se advierte que la consideración pública respecto de Mauricio Macri sigue siendo elevada, y que hasta su gestión merece una ponderación más positiva que negativa. Pero indagando en los rubros que más importan a la gente, economía, empleo y seguridad, en todos los casos los índices se revierten.

Es más, se le viene reprochando a esta administración haber fallado donde no se esperaba el mejor desempeño: la economía, cuando la política parecía ser el talón de Aquiles para una coalición gobernante que nació con una relación de fuerzas adversa en ambas cámaras del Congreso. Pero ciertamente la situación económica que encontró no era para nada sencilla, de modo tal que revertirla necesitaba de una conjunción de factores que lejos estuvo de concretarse.

Con todo, el inicio fue auspicioso. Una de las promesas de campaña más controvertidas fue la de quitar el cepo el primer día de gestión. En eso, Mauricio Macri se diferenció sustancialmente de sus principales competidores: “Se hará gradualmente, no se puede hacer de un momento a otro”, decía Daniel Scioli, mientras que Sergio Massa decía que saldría en 100 días. La liberación del cepo no fue al día siguiente de haber asumido, pero sí en menos de una semana, y el dólar no se fue a las nubes como se temía, sino que cotizó a un nivel inferior incluso al que hasta entonces había marcado el dólar blue. Alfonso Prat-Gay aún reivindica ese “éxito”.

Luego vino el acuerdo con los holdouts, que permitió a la Argentina salir finalmente del default y volver a los mercados de capitales. Allí terció el área política, que rindió exitosamente su primer examen al alcanzar la aprobación de ambas cámaras, incluso con amplitud. Comenzaba a funcionar de manera auspiciosa un entendimiento con los gobernadores que se trasladaba en votos fundamentalmente en el Senado, el espacio institucional donde Cambiemos está en mayor inferioridad.

No por nada el contacto con los gobernadores fue una de las primeras actividades que llevó adelante el flamante presidente, que los recibió a todos en Olivos a dos días de haber asumido. Fue una manera de diferenciarse de la era kirchnerista, pero también de comenzar a cimentar una relación que se tornó indispensable con el correr del tiempo.

En esos primeros días el Presidente cometió su primer “error no forzado”. Mauricio Macri quiso completar la Corte Suprema nombrando “en comisión” a dos ministros por DNU, salteando en lo inmediato al Senado. Todavía hay especulaciones sobre el trasfondo de esa movida que se reveló fallida y tuvo que revertir más temprano que tarde. El apego a la institucionalidad que se promovía trastabilló a menos de cumplir ese gobierno su primera semana, y le costó mucho revertir la situación. Algunos piensan que se quiso dar una muestra de autoridad, pero lo cierto es que debió finalmente respetar los pasos establecidos legalmente. Con todo, la sangre no llegó al río pues meses después el Senado aprobó con amplitud ambos pliegos.

En esa primera semana Macri cumplió otra promesa de campaña al eliminar total o parcialmente las retenciones agropecuarias. Pero a los pocos días sorprendió procediendo de igual manera con las retenciones a la minería, generando sorpresa y cierto disgusto incluso en los propios. Pretendió dar una señal a los inversores, pero también una concesión a gobernadores peronistas de provincias mineras que se lo pidieron expresamente. El año concluye con la oposición tratando de revertir esa concesión a través de un proyecto de Ganancias que constituyó una fuerte derrota política del gobierno.

Amén de la herramienta de los gobernadores, Cambiemos logró hacerse fuerte en Diputados al dividirse el bloque kirchnerista, a partir de lo cual pudo avanzar con las leyes a través de acuerdos con el massismo y el bloque Justicialista que conduce formalmente Oscar Romero, pero se referencia en Diego Bossio. El interbloque oficialista pudo transformarse así en primera minoría en esa cámara, que fue la puerta por donde ingresaron los proyectos principales del Ejecutivo. No obstante no fue suficiente para avanzar con todos los proyectos promovidos por el macrismo. La ley de Primer Empleo no pudo avanzar, como tampoco extinción de dominio frenada en el Senado. A la ley de Emprendedores también le está costando más de la cuenta ser aprobada. Y ni qué decir de la reforma electoral, otra de las promesas electorales que la oposición peronista frenó.

Pero los sinsabores vinieron claramente por el lado de la economía. Círculo al fin, en la medida que la economía no mejoró, la política empeoró.

La primera señal llegó a partir del aumento de precios que precipitó la inflación. Como las remarcaciones habían comenzado en noviembre, especulando con una devaluación que terminó siendo inferior a lo estimado, el gabinete económico esperaba que los precios no siguieran subiendo. Ni retrocedieron, ni dejaron de crecer. La pauta de inflación de entre 20 y 25% estimada por Prat-Gay lejos estuvo de cumplirse. Y mientras las inversiones demoraban su llegada, comenzó a agitarse como aliento la perspectiva de un segundo semestre floreciente en el que pudieran percibirse las consecuencias positivas del sacrificio. Pero el segundo semestre arrancó con mal pie, pues coincidió con la implementación del aumento en las tarifas de gas en el invierno más crudo en años, claramente la medida peor instrumentada en este primer año. El gobierno se había empecinado en evitar las audiencias públicas que finalmente tuvo que realizar sin mayores contratiempos, demostrando el error de esa obstinación. Y el segundo semestre terminó transcurriendo sin mayores mejoras económicas.

A mitad del año el gobierno anunció la pomposamente llamada Reparación Histórica para los Jubilados, que consiste en el pago de todos los juicios y viene de la mano de un blanqueo de capitales, que era en realidad el objetivo a cumplir. El pago a los jubilados comenzará a realizarse el próximo año y se espera sea una inyección importante de dinero que irá directamente al consumo en un año electoral. Y en cuanto al blanqueo, los resultados hasta ahora han sido más que positivos.

Pero el mundo anduvo a trasmano de las expectativas oficiales y el triunfo de Donald Trump abre más interrogantes que certezas, que se trasladan en lo inmediato al acceso al crédito, herramienta clave de esta gestión. Precisamente el área internacional ha sido una de las que recibió más atención de parte de esta administración y la elección de Susana Malcorra como canciller fue una de las más ponderadas del Gabinete. A la hora de mostrar éxitos, la llegada de Barack Obama a la Argentina es claramente el principal. Pero ese efecto se ve opacado por el cambio de signo político que establecieron las elecciones del 8 de noviembre pasado.

Pero no fue solo Trump. También tienen consecuencias negativas el triunfo del Brexit en Europa, y sobre todo la crisis brasileña, cuya recesión repercute de lleno en la Argentina. Macri inició con mal pie la relación con la nueva primer ministra británica, y su amigo Mateo Renzi acaba de renunciar en Italia. Susana Malcorra se enfrascó durante el año en la competencia por la secretaría general de la ONU, y además de no haberle ido bien, le ha generado en nuestro país numerosas críticas, además de dudas sobre su continuidad.

Una relación que sí ha podido conservar el gobierno pese a las tensiones es con la CGT, reunificada en el transcurso de un año que concluye sin haber decretado un paro general pese a las presiones en ese sentido, ni siquiera cuando Macri vetó la Ley Antidespidos. No le salió gratis al gobierno, que le garantizó el pago de la deuda de las obras sociales sindicales. Compró gobernabilidad, dicen voces de peso en el oficialismo, que argumentan en el mismo sentido al justificar haber concedido la emergencia social a las organizaciones sociales. Gobernabilidad que entrará en terreno resbaladizo en este año electoral, iniciado prematuramente con la unificación de la oposición detrás del proyecto de Ganancias, que ha generado una ruptura entre Cambiemos y el massismo, cuyas consecuencias develará el paso del tiempo.

El año de Macri: un Gabinete con 22 ministerios y “trabajo en equipo”

El diseño del gabinete nacional con 22 ministerios fue uno de los cambios más notorios de la administración de Mauricio Macri que también buscó diferenciarse del centralismo del gobierno kirchnerista con reuniones de gabinete semanales y una jefatura de Gabinete, complementada por dos vicejefes, que son los que, a la postre, sostienen el peso de la gestión.

Reuniones de gabinete semanales o de gabinete ampliado -que incluyen a secretarios de estado, legisladores y gobernadores-, y la segmentación en gabinetes económico, social y de medio ambiente han sido otra de las características más notorias de la gestión que el PRO trasladó desde la Ciudad a la Nación.
A la postre, la articulación entre los ministerios y la Jefatura de Gabinete ha cosechado resultados positivos y negativos pero en el oficialismo remarcan que, con todo, es una muestra explícita “del trabajo en equipo” que pregona Mauricio Macri desde que asumió la primera magistratura un año atrás. Algunos analistas, no obstante, no son tan elogiosos en este sentido.
El fundador del PRO organizó un Poder Ejecutivo con varias innovaciones respecto a los gobiernos precedentes, desde la sanción de la reforma constitucional de 1994. La primera de ellas, es un fuerte aumento de la cantidad de ministros, que pasaron a ser 22, casi duplicándose sobre la cifra anterior.
La segunda, es la creación de un equipo económico de seis ministros (Hacienda y Finanzas, Producción, Agricultura, Modernización, Transporte y Trabajo), al que se integra el presidente del Banco Central, pasando a estar integrado por siete funcionarios.
Es que en el pasado, el ministro de Economía era el jefe del área económica, rol que en los hechos hoy se ha asignado al jefe de Gabinete. A ello se agrega que las obras públicas,- prioritarias para Macri,- han quedado fuera de esta área siendo una secretaría del Ministerio del Interior.
También resultó novedosa la creación de una estructura fuerte en la órbita del jefe de Gabinete. Debajo de Marcos Peña revisten ahora media docena de secretarios de estado, dos de los cuales, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, están abocados a coordinar y controlar los ministerios, habiéndoselos repartido por mitades (11 para cada uno) y organismos descentralizados (Quintana audita Anses, por ejemplo).
En pos de esa reorganización, el gobierno creó en octubre el “Consejo de seguimiento” de las 70 empresas públicas, que tiene como objetivo evaluar trimestralmente las gestiones de compañías tales como Ferrocarriles Argentinos, Correo Argentino, Aerolíneas o Fabricaciones Militares. En el ex salón de las Mujeres Argentinas tiene su despacho Abbott Reynal, a la postre coordinador del consejo que funciona bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete. El organismo no sólo busca un control de gestión sino también imponer estándares de transparencia y articular una política común entre todas las unidades de negocios.
Dentro del gobierno también valoran la coordinación que han tenido todos los ministerios. En los hechos hay un “superministerio”, Interior, Obras Públicas y Vivienda, que además de tener a su cargo la relación con los gobernadores y senadores fue una rueda de auxilio ante conflictos surgidos por temas de otras carteras.
Vale recordar la intermediación de Rogelio Frigerio ante el conflicto entre el gobernador santafesino, Miguel Lifschitz y la titular de Seguridad Patricia Bullrich por el envío de gendarmes a esa provincia o su participación en las correcciones al tarifazo de gas implementado por Juan José Aranguren.
Un funcionario de Jefatura de Gabinete, consultado para esta nota, considera “positiva” la articulación de los 22 ministerios. “Fue un desafío pero ha funcionado bien. Por ejemplo, antes había 5 ministerios que tenían programas de capacitación laboral y ahora lo centralizamos en uno. Aunque tenemos reuniones de Gabinete los ministros se ven poco, por eso fue importante la reunión de Chapadmalal de la semana pasada”, apuntó.
Por otra parte, el funcionario no vinculó los errores en el diseño y aplicación del tarifazo de gas con la falta de coordinación entre las 6 carteras económicas. “En todo caso fueron por otro motivo”, sentenció y valoró la presencia de los vicefes de Gabinete, Quintana y Lopetegui, porque “absorben el peso de la gestión liberando a Marcos Peña, que puede ocuparse de temas políticos y comunicacionales”.
Para el analista y consultor político Rosendo Fraga son valorables las innovaciones en cuanto a la organización del Ejecutivo. Pero, en diálogo con este diario, señala que esta modalidad “ha presentado varios problemas. El primero, es que el Presidente ha delegado más funciones de sus predecesores en el jefe de Gabinete (Peña), pero este a su vez delega su ejecución en sus secretarios de estado, quienes están por debajo de los ministros, que resisten esta estructura y en algunos casos, envían su segunda línea a las reuniones en Jefatura de Gabinete”.
El fundador del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría también advierte que “la falta de una conducción unificada en la gestión económica, ha derivado en criterios diferentes entre el Presidente de Banco Central (Sturzzeneger) y el ministro de Hacienda y Finanzas (Prat Gay). Mientras el primero realiza una política monetaria restrictiva, el segundo hace una fiscal expansiva”.
Y, por último, Fraga sostiene que “hay funciones que han quedado dispersas. Una de ellas, es la de relaciones exteriores. La canciller (Malcorra), conduce el ministerio de Relaciones Exteriores, pero el secretario de Asuntos Estratégicos (Pompeo), en alguna medida realiza una tarea en paralelo. A ello se agrega que parte de las negociaciones económicas internacionales, están a cargo del Secretario de Comercio (Braun), quien depende del Ministro de Producción (Cabrera) y ahora viajó a China Frigerio, en lugar de la canciller, para atraer inversiones”.

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