
(NOTI-RIO) Durante unos años, Don Quijote sostuvo en soledad la guardia simbólica en la rotonda que une las avenidas San Martín, Beruti y French, en pleno centro de Río Colorado. Erguido, solemne y forjado en hierro reciclado, se mantuvo firme como vigía solitario, soñador empedernido frente al tránsito diario. Pero en las últimas horas, ya no está solo: Sancho Panza, su inseparable compañero de aventuras, se le ha unido, completando así la escena literaria más icónica de la literatura hispana.
Ambos ya no cabalgan los caminos de La Mancha, sino que custodian juntos el corazón de la ciudad, como emblemas del arte, el trabajo colaborativo y la educación pública.
De la novela al metal: un sueño que comenzó en las aulas
Todo comenzó en el Centro de Educación Técnica (CET) N° 10, cuando en una clase de Lengua y Literatura de 2017 se planteó una pregunta provocadora: ¿Y si Don Quijote pudiera salir del libro y vivir entre nosotros? Aquella idea fue la semilla de un proyecto interdisciplinario que movilizó a toda la institución. De a poco, lo literario se convirtió en diseño técnico, lo conceptual, en matemáticas, y lo soñado, en acero.
Lengua y Literatura ofreció el punto de partida. Matemática: calculó proporciones. Dibujo Técnico elaboró los planos. Teatro aportó dramatización y carácter. Y en el Taller de Herrería y Soldadura, con el acompañamiento de los distintos docentes, los alumnos comenzaron a dar forma a un personaje eterno… usando materiales descartados.
El Quijote de Río Colorado: cuando la locura se transforma en arte
La primera escultura, de más de 500 kilos, fue presentada en sociedad durante la Expocet 2019, coincidiendo con el Día de la Educación Técnica. Aquella figura no pasó desapercibida: Don Quijote, montado en su Rocinante hecho de resortes, cadenas y amortiguadores, conquistó a los vecinos tanto como lo había hecho Cervantes con los lectores siglos atrás.
La barba del caballero, creada con cadenas de moto, su escudo reciclado de un embrague, los ojos forjados con tuercas: cada detalle hablaba de ingenio, de trabajo manual y de lectura profunda. Y, sobre todo, de una visión educativa que va más allá del aula.
La llegada de Sancho: un esfuerzo comunitario
La figura de Don Quijote fue tan bien recibida que el proyecto no podía quedarse ahí. Con el impulso de alumnos, docentes y el acompañamiento de la Municipalidad y la Junta Vecinal del Centro, se comenzó a trabajar en la segunda parte de la escena: la figura de Sancho Panza.
Como buen escudero, Sancho no se apresuró. Su creación llevó tiempo, esfuerzo y muchas manos. Los estudiantes recorrieron talleres, buscaron chatarra, diseñaron, soldaron y construyeron, con ese mismo compromiso que da sentido a la educación técnica. Y hace apenas unos días, Sancho finalmente llegó a la rotonda, sólido, de figura más terrenal, montado en un burro también reciclado. El dúo inmortal volvía a estar completo.
Un proyecto educativo que trasciende
Este trabajo no es solo un logro artístico. Es un ejemplo tangible de enseñanza interdisciplinaria y colaborativa. Participaron estudiantes de todos los cursos, cada uno desde su especialidad. Aprendieron contenidos técnicos, pero también valores como el trabajo en equipo, el compromiso social, el respeto por la literatura y el poder de transformar ideas en obras.
“Los chicos no solo leyeron a Cervantes; lo interpretaron, lo imaginaron, lo soldaron. Y eso es educación viva”, destacó una docente del proyecto.
Reciclaje creativo: de la chatarra al arte público
Uno de los ejes centrales fue la reutilización de materiales descartados. Los engranajes, tuercas, chapas y embragues que ahora conforman las esculturas alguna vez fueron piezas desechadas. En lugar de oxidarse en un galpón, se convirtieron en símbolos culturales.
Este enfoque no solo educa en sostenibilidad, sino que también embellece la ciudad con conciencia ambiental, mostrando que el arte puede surgir del descarte cuando hay visión y colaboración.
Hacia el futuro: “Los Caminos del Quijote”
Lo que comenzó con una escultura y continuó con otra no se detiene. El equipo docente y los estudiantes del CET N° 10 ya piensan y sueñan en nuevos desafíos: construir molinos de viento, generar circuitos turísticos, y formalizar un recorrido cultural que podría llamarse “Los Caminos del Quijote”.
El desafío, como siempre, será doble: mantener viva la motivación de las nuevas camadas de estudiantes y conseguir los recursos para seguir soldando sueños. Pero la experiencia ya ha demostrado que cuando una escuela pública se compromete, y la comunidad responde, el resultado es más fuerte que el acero.
Educación, identidad y poesía urbana
La historia de estas esculturas trasciende lo anecdótico. Son una declaración de principios: que la educación técnica puede ser poética, que el reciclaje puede tener alma, que los clásicos aún viven si se los sabe reinterpretar.
Hoy, quienes pasan por la rotonda céntrica de Río Colorado no ven simplemente dos estatuas. Ven una historia forjada con pasión, ingenio y espíritu colectivo. Ven a una escuela que no se conforma con enseñar, sino que transforma. Y, sobre todo, ven a Don Quijote y Sancho, caballeros de hierro y palabra, recordándonos que soñar sigue siendo un acto necesario.






