Julio Dupont y la epopeya de llevar un Ford T al Fin del Mundo

(NOTI-RIO) En Algarrobo, un pequeño rincón del partido de Villarino, el silencio del amanecer suele romperse con un sonido rítmico, metálico y obstinado.

Es el motor de “Haydée”, un Ford Model T de 1924 que, lejos de descansar en un museo, se prepara para desafiar las leyes de la lógica y la mecánica.

Al volante está Julio Dupont, un hombre de 48 años que no solo conduce un auto, sino que custodia un legado familiar que se niega a detenerse.

La pasión de Julio no nació en un taller, sino en los relatos de su abuela Ive. En la década de 1930, Ive no era una mujer común: recorría los polvorientos caminos entre Nicolás Levalle y Algarrobo al mando de su propio Ford T para visitar a quien sería el abuelo de Julio.

Hoy, ese mismo espíritu vive en “Haydée”. El vehículo no brilla con el acabado de una restauración de concurso; por el contrario, ostenta sus cicatrices de guerra.

Con 102 años sobre el chasis, el auto conserva los golpes y el desgaste de un siglo de rodaje. “Es una máquina viva”, dice Julio, resaltando que cada abolladura es un párrafo de su historia.

La mecánica de lo imposible

Para entender la magnitud de la hazaña, hay que mirar las cifras. El Ford T posee un motor de 2.9 litros y apenas 20 caballos de fuerza.

No tiene bomba de agua (se enfría por termosifón), no tiene bomba de combustible (baja por gravedad) y su transmisión se maneja con tres pedales que confunden a cualquier conductor moderno.

Sin embargo, Julio le ha sumado un detalle de época que fascina a los curiosos: un pequeño horno instalado sobre el múltiple de escape.

Es una técnica de los pioneros de los años 20; mientras el motor trabaja para devorar kilómetros, el calor del escape cocina el almuerzo.

Así, el “menú del motor” se ha convertido en un ritual que Dupont comparte en sus redes, uniendo la supervivencia del viajero con la ingeniería antigua.

El desafío: 3.300 kilómetros de ripio y leyenda

Tras haber completado en 2024 una travesía de 7.400 kilómetros emulando el histórico recorrido de Ford Argentina, Julio ahora apunta su radiador hacia el sur profundo. La expedición “Haydée al Fin del Mundo” busca unir Algarrobo con Ushuaia.

  • El trayecto: Cruzará localidades como Médanos, Juan A. Pradere y Carmen de Patagones, para luego internarse en la estepa patagónica.
  • La logística: Sin vehículos de apoyo modernos permanentes, Julio confía en la “hermandad de la ruta”. En sus viajes anteriores, fueron los camioneros y los bomberos voluntarios quienes le ofrecieron desde repuestos improvisados hasta un rincón donde dormir.
  • El registro: Esta vez, el viaje será documentado para un cortometraje que busca rescatar las voces de los descendientes de antiguos pilotos y mecánicos que mantuvieron al país en movimiento sobre cuatro ruedas de madera.

¿Por qué someter a una pieza de un siglo a semejante rigor? Para Dupont, la respuesta es humana, no mecánica. En un mundo de obsolescencia programada y velocidades vertiginosas, el Ford T es un recordatorio de que lo importante no es llegar, sino animarse a partir.

“Los sueños son para cumplirlos. Nunca van a estar todas las condiciones perfectas. Si no empezás, no lo hacés nunca”, sentencia Julio mientras ajusta una tuerca antes de la partida.

Cuando “Haydée” finalmente estacione frente al Canal Beagle, no será solo un triunfo de la ingeniería de Henry Ford. Será el abrazo de un nieto a su abuela y la prueba de que, si se tiene el coraje suficiente, un motor de 1924 todavía tiene fuerza para llegar al final de la tierra.

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