
(NOTI-RIO) El esfuerzo comunitario hizo posible un sueño de casi una década: una organización que trabaja a puro pulmón inauguró un espacio que permitirá ampliar terapias con caballos, talleres artísticos y actividades de bienestar para más de 50 personas. Ocho mujeres voluntarias sostienen un proyecto que transforma vidas.
El aire se llenó de emoción y orgullo colectivo cuando la Fundación Aneley inauguró su nueva aula multiuso, un espacio que representa mucho más que metros cuadrados de construcción: es el fruto del esfuerzo mancomunado de una comunidad que cree en el poder transformador de la naturaleza y el vínculo con los caballos.
La nueva instalación, levantada en el predio de la organización, permitirá ampliar las propuestas terapéuticas y formativas que desde hace años desarrolla la fundación, orientadas a la equinoterapia, talleres de arte y encuentros de reconexión con el bienestar integral.
Pero detrás de cada ladrillo hay una historia de sacrificio, trabajo voluntario y solidaridad vecinal que merece ser contada.
“Todo lo que hacemos es a pulmón y con mucho esfuerzo”, expresaron desde la fundación durante la inauguración, con la voz quebrada por la emoción.
El reconocimiento no fue para el equipo solamente, sino para todas las familias, vecinos y colaboradores que aportaron materiales, tiempo y apoyo para que el nuevo espacio se convirtiera en realidad.
Un espacio pensado para crecer
El aula multiuso fue concebida como un lugar flexible, diseñado para albergar múltiples propuestas que hasta ahora no tenían un espacio adecuado.
Según explicaron desde la institución, este nuevo escenario permitirá desbloquear proyectos que estaban en espera y mejorar sustancialmente la calidad de las actividades que se desarrollan en el predio.
Entre las iniciativas que comenzarán a implementarse se encuentran: Sesiones de equinoterapia individuales, que permitirán un acompañamiento más personalizado.
Talleres de arte y naturaleza, donde la creatividad se fusiona con el entorno natural.
Encuentros para adolescentes, un espacio de pertenencia y conexión para jóvenes.
Meditaciones asistidas con caballos, una propuesta innovadora desarrollada en conjunto con profesionales de terapias holísticas.
Las actividades comenzarán el sábado 21 de marzo, marcando el inicio de una nueva etapa para la Fundación Aneley.
El espacio que actualmente recibe a cerca de 50 personas de manera regular entre sesiones terapéuticas, talleres y actividades grupales.
Nueve años de tejer lazos
La semilla de lo que hoy es la Fundación Aneley se plantó en 2017, cuando un grupo de personas comprometidas con el bienestar emocional y el trabajo terapéutico con caballos decidió darle forma a una visión compartida.
Dos años después, en 2019, el proyecto se constituyó formalmente como fundación, consolidando un camino que ya no tendría marcha atrás.
Hoy, el espacio es sostenido por un equipo de ocho mujeres voluntarias que combinan sus trabajos personales con las tareas diarias del predio.
Ellas se encargan de todo: desde el mantenimiento del lugar hasta la organización de actividades, siempre mediante trabajo voluntario y aportes solidarios.
Es una labor silenciosa pero constante, impulsada por la convicción de que cada persona que llega al predio merece encontrar un espacio de sanación.
Sin embargo, las dificultades no han sido obstáculo. El proyecto se ha consolidado gracias al apoyo incondicional de una comunidad que entiende el valor de lo que está en juego. Vecinos y colaboradores aportan donaciones de pintura, materiales, o participan activamente en iniciativas solidarias que permiten sostener la actividad.
El caballo como puente de transformación
Uno de los pilares fundamentales de la fundación es la equinoterapia, una práctica terapéutica que utiliza el vínculo con los caballos para trabajar aspectos físicos, emocionales y cognitivos.
Pero más allá de la técnica, lo que acontece en el predio tiene un componente profundamente humano.
El equipo destaca que el caballo actúa como un puente entre las personas y su proceso personal, facilitando conexiones que muchas veces las palabras no logran alcanzar.
“Somos un puente entre la necesidad del paciente y el animal, que es quien provoca muchas de las transformaciones que vemos”, explicaron con la certeza de quien ha sido testigo de innumerables cambios.
Quienes participan de las actividades encuentran en el predio un refugio de encuentro con la naturaleza. Niños, adultos y adultos mayores pueden reconectar consigo mismos y con los demás en un ambiente de respeto y contención.
Las integrantes del equipo aseguran que presenciar esos cambios -la sonrisa de un niño, el alivio de un adulto, el progreso tangible en un proceso terapéutico- es la motivación que las impulsa a seguir adelante, incluso cuando los recursos escasean.
Formar para multiplicar
La fundación no solo se dedica al trabajo terapéutico directo, sino que también promueve la capacitación y formación en equinoterapia.
Hace cinco años comenzaron a ofrecer instancias formativas para profesionales y personas interesadas en la actividad, ampliando así el impacto de su experiencia.
Una de las experiencias más significativas tuvo lugar en 2023, cuando brindaron una capacitación en Fernández Oro a casi 100 participantes, demostrando que el conocimiento acumulado en casi una década de trabajo puede ser compartido y multiplicado.
La nueva aula permitirá justamente ampliar este tipo de encuentros y abrir el predio a jornadas de formación, intercambio y aprendizaje con otros centros y especialistas de la región.
Sueños que siguen en construcción
La inauguración del aula multiuso es un motivo de celebración, pero desde la fundación son conscientes de que todavía quedan muchos proyectos por concretar. Las necesidades no se detienen, y el deseo de seguir creciendo también persiste.
Entre los objetivos a futuro se encuentran mejorar las instalaciones eléctricas del nuevo espacio, incorporar mobiliario adecuado y ampliar las áreas de trabajo con los caballos.
Sin embargo, uno de los sueños más importantes del equipo trasciende lo inmediato: poder construir una pista techada que permita desarrollar las actividades durante todo el año, independientemente de las condiciones climáticas.
Mientras tanto, el predio sigue creciendo paso a paso, impulsado por un esfuerzo colectivo que no conoce el cansancio.
“Este es un espacio abierto, una pequeña comunidad donde nos apoyamos y trabajamos con amor y respeto. Siempre hacen falta manos que quieran sumarse”, señalaron desde la organización, extendiendo una invitación que resume el espíritu de todo lo que han construido.
Con la inauguración de su aula multiuso, la Fundación Aneley reafirma su compromiso con la inclusión, la salud emocional y el trabajo comunitario. Y demuestra, con hechos concretos, que aun en contextos difíciles los proyectos solidarios pueden seguir creciendo cuando cuentan con algo irremplazable: el apoyo genuino de una comunidad que cree en ellos.
