Los orígenes del Día de San Valentín, mejor conocido por estas latitudes como el Día de los Enamorados, se hallan envueltos en religión.
Estas costumbres más modernas y comerciales asociadas al Día de los Enamorados tiene sus orígenes hace algunos siglos: los primeros registros de ventas de “tarjetas de San Valentín” con cupidos y corazones datan del Siglo XVIII, cuando se comenzaron a imprimir tarjetas con motivos románticos y poemarios con versos de amor.
Para el siglo XIX esas tarjetas prefabricadas de San Valentín eran tan populares en el Reino Unido que se producían, literalmente, en fábricas. Para la mitad de ese siglo la festividad ya se había convertido en prácticamente una jornada nacional, y pronto pasaría a ganar fuerza al otro lado del océano Atlántico, cuando las tarjetas comenzaron a venderse en los Estados Unidos.
Para la mitad del Siglo XX, la costumbre de entregar tarjetas se había extendido a todo tipo de regalos, como flores o chocolate, o inclusive joyas. Sólo en Gran Bretaña se estima que cada año se gastan 1.300 millones de libras esterlinas en regalos de San Valentín.
En las últimas décadas, el auge de Internet ha causado que la tradicional costumbres de enviar cartas o tarjetas se vea reemplazada por la de remitir e-mails o demás formas digitales de profesar amor.
En Latinoamérica, al igual que en gran parte del mundo, aunque no es habitualmente conocido como Día de San Valentín, el Día de los Enamorados es celebrado por las parejas con costumbres similares a las americanas y británicas.
VALENTÍN, EL SANTO
El Día de los Enamorados es el 14 de febrero, día que la tradición cristiana asigna a dos mártires llamados Valentín.
Según la tradición cristiana, Valentín de Roma era un sacerdote cristiano, convertido en mártir alrededor del año 269. Fue uno de los primeros santos. fue apresado por las autoridades romanas debido a que predicaba para los cristianos, por entonces perseguidos en el Imperio Romano, y porque oficiaba bodas para los soldados, a quienes estaba prohibido casarse.
Se dice que, durante su estadía en prisión, curó la ceguera de la hija de uno de sus guardias, y que antes de su ejecución, escribió a la joven una carta firmada como “tu Valentín” a modo de despedida.
El otro Valentín recordado el 14 de febrero es Valentín de Terni, un obispo muerto durante la persecución del emperador romano Aurelio a los cristianos. La Iglesia Católica habla de un tercer Valentín martirizado en la misma fecha, en África.